Menos libertad

JULIA RODRÍGUEZ LARRETA

La sumatoria de cepos con los que el gobierno argentino se las ingenia para quitarle libertad a sus ciudadanos, recuerda cada vez más lo que ocurría en los países tras la cortina de hierro. El gobierno hoy ordena la forma en que se puede ahorrar. Si de viajar se trata, estar sometido a toda clase de restricciones y al visto bueno de cierta autoridad, tiene mucho en común con los cerrojos con que se encierra a la gente en los "paraísos" totalitarios estilo Cuba, donde las personas no tienen la posibilidad de ir y venir libremente. Todavía hay una distancia entre aquello y esto, pero la pérdida de libertad de los argentinos para tomar decisiones sobre su vida, ha aumentado notoriamente en los últimos meses.

Tantas son las dificultades que cada semana el gobierno impone para complicarle la vida a quien quiera viajar, ya sea por negocios o por placer, o a quien tenga que cerrar alguna transacción previamente establecida en moneda extranjera, que el otro día un político cordobés decía: "actualmente en la Argentina es más fácil cambiar de identidad que comprar un dólar".

Y como aquello de que "si no te gusta la sopa, entonces dos platos", a las restricciones cambiarias se agregaron no sólo las vinculadas con los viajes al exterior, sino a las compras en los supermercados. Se ha hecho responsables a las empresas de denunciar las compras mayores a 1000 pesos, consignando los datos del comprador, que quedarán a buen resguardo de la AFIP. Como dice en el final de algunas películas, la orden de la DGI uruguaya a los colegios y a los clubes con información individualizada de los pagos por alumnos y asociados, "es pura coincidencia". ¿Ideológica, tal vez?

Mientras en lo referido a legislación social ha habido posturas de avanzada (el nuevo Código Civil incluirá la fecundación post mórtem) en otros aspectos lo que se percibe es una evidente marcha atrás. Se agiganta el intervencionismo del Estado, la economía planificada, el mercado discrecionalmente digitado. Es el caso del trigo y el maíz (hace poco levantaron la prohibición de exportar, para que los productores se animaran a plantar nuevamente) con lo cual se fue desvirtuando su normal funcionamiento. Y qué decir del sector cárnico que gracias al toqueteo oficial resultó en que el Uruguay pasara a ser un mayor exportador de carne vacuna que la Argentina.

El mercado no controlado (no hay consumo interno) es el de la soja, el gran salvavidas, cuyo precio ha llegado a pasar los US$ 600 dólares la tonelada. Pensar que durante la Presidencia de De La Rúa apenas llegaba los US$ 200 dólares. Para el 2013, el fisco argentino se quedará con el 75% de la renta de los productores, entre derechos de exportación y el Impuesto a las Ganancias. Si se concreta la suba de la que ya se habla en las altas esferas, en 5 puntos de la alícuota, llevándola a 40, la presión de la impositiva llegará al 79,6% de esos ingresos.

Además de las retenciones a la exportación y el tributo por Ganancias Elevadas, en la provincia de Buenos Aires, el reaforo de los campos se va a traducir en erogaciones adicionales por centenas de millones de dólares por parte de los agropecuarios.

Una excelente manera de castigar el esfuerzo productivo, sin que importen aparentemente, datos como los que indican que el comercio exterior, según datos del oficialista Indec de junio, reflejan una caída del 10% en las exportaciones. A su vez se redujeron las importaciones en un 12%.

Pero lo que hay que seguir apuntalando es el gasto público que ha crecido sin pausa, sin que alcance para tapar los agujeros, todo el dinero que se ha sacado del Banco Central y de la Caja de Jubilaciones. Y estos no provienen de excedentes, sino de prestaciones estipuladas por ley o por fallos de la Corte Suprema. Se estima que uno de cada cuatro pesos de su presupuesto anual se destina a pagos por fuera del sistema previsional.

Y lo de ahora es hacerse de los fondos del Banco Ciudad, con una ley que ya tuvo media sanción en la Cámara de Diputados, gracias a un quórum discutible. Será una carambola a dos bandas, pues tanto le quita dinero a la ciudad, perjudicando a Macri, como el gobierno se hará de nueva caja.

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