Eligiendo "al pepe"

No hay alusión a José Mujica en el título, sino a una forma de expresión algo burda pero muy popular cuando se quiere decir que algo es "al santo botón" o "al ñudo". Es que así fueron, realmente, las recientes elecciones internas en el Frente Amplio, un acontecimiento que tuvo el fin oculto de movilizar un poco a las adormecidas bases de apoyo popular del conglomerado izquierdista.

El hecho de que estén adormecidas es bien sabido, como son sabidas sus causas: estos siete años de gobierno han dejado demasiados flancos sin cubrir, como la seguridad, la custodia de menores y de las cárceles, la educación, la salud y la suciedad de Montevideo, asuntos que tienen hastiados a los propios frenteamplistas, definitivamente alejados de aquella euforia que otrora los acicateaba. El haber querido despertar a sus votantes con una movilización basada en unas elecciones embusteras es jugar con la inteligencia de sus votantes, porque todos sabemos que el cargo de presidente de la coalición es tan nominal como agrio es el gesto del saliente Brovetto. Y cualquiera sabe que su incidencia dentro de las decisiones del Frente es casi nula. El que manda y seguirá mandando en la coalición izquierdista es el Plenario, cuyo brazo ejecutor tiene una fuerza aún superior a la del propio Mujica. Basta recordar lamentables episodios como los mandatos a sus parlamentarios a votar asuntos en contra de sus voluntades so pena de expulsión del Frente, como se amenazara a Semproni y a Fernández Huidobro a propósito de la fallida ley interpretativa para anular la caducidad.

Y de ese Plenario con superpoderes, de donde salen las propuestas y decisiones importantes del gobierno, estas elecciones internas eligieron políticamente apenas al 50 por ciento de los integrantes, ya que el otro 50 por ciento fue propuesto por los comités de base y no por los partidos. Y ya se sabe que en los comités tiene amplio dominio el Partido Comunista. Una demostración de que, en el Frente, la democracia partidaria no es lo suyo y que estas elecciones fueron "al pepe".

En cuanto a la elección del presidente de la coalición, el tema importa tan poco que el nombre del elegido recién se va a saber la semana que viene. ¿Hay expectativa al respecto? Menos que cero, incluido en el propio Frente. Da lo mismo que sea cualquiera de los cuatro propuestos, como los mismos candidatos se encargaron de demostrarlo al andar de picos pardos en pálidas giras, siempre juntos y revueltos, con un discurso similar y seguidos por menos público que lo que se ve en cualquier tablado barrial en tiempos de Carnaval.

Pero aún así, tómese o no con ironía, podemos inferir que el magro resultado numérico de estas elecciones frenteamplistas debería ser considerado positivo por la gente del partido de gobierno, porque aunque apenas obtuvo un 17 por ciento del total del electorado que lo apoyó en las últimas elecciones nacionales ¿no debe ser acaso ése el verdadero caudal de votantes auténticamente frenteamplistas? Seguramente sí que lo sea. El restante porcentaje que lo hizo llegar al 50 por ciento de todos los electores del país en las dos últimas elecciones nacionales no fueron votantes verdaderamente comprometidos con el Frente Amplio, sino parte de una masa que fluctúa entre los diferentes partidos teniendo en cuenta, a la hora de elegir, los comportamientos del oficialismo de turno, las promesas de los opositores, el carisma de los candidatos y muy importante, su bolsillo. Con el juego combinado de esas variables en la cabeza de los electores es que ganó Tabaré Vázquez y luego José Mujica en los dos últimos comicios, pero no porque esa mitad del electorado uruguayo se sienta emocional e ideológicamente frenteamplista.

Estas elecciones internas lo demostraron. Como también que Montevideo, Canelones y Maldonado tienen tanto por el gobierno nacional como el departamental, una opinión marcadamente crítica. Esa es la lectura que debe sacarse de un descenso de hasta el 30 por ciento de votantes desde las últimas elecciones internas frenteamplistas en esos departamentos.

Para el Frente, entonces, parece tiempo de poner las barbas en remojo. Y para los partidos tradicionales es una buena señal de que se puede recuperar el gobierno. La referida masa fluctuante debería ya saber para donde inclinarse.

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