GASTÓN PÉRGOLA
Por un motivo u otro sus historias llegaron a las páginas del diario. Los personajes que las protagonizaron hicieron eco en la opinión pública. El País volvió a comunicarse con ellos para saber cómo siguen sus vidas, después de haber sido noticia.
Un polizón ghanés que llegó a Uruguay tras viajar escondido en la sala de máquinas de un barco pesquero, un joven marine (de nacionalidad uruguaya) que peleó en Afganistán y perdió sus dos piernas, un comerciante que ultimó a un delincuente, y dos padres que lucharon por mejorar la salud de sus pequeños hijos, fueron algunas de las historias que pasaron por las páginas del diario.
A un día de culminar el año, y después de un tiempo de haber sido noticia a consecuencia de sus destinos, Jonah Asamoah (ghanés), Matías Ferreira (marine), Juan Mariño (óptico), Claudia Castro y Gustavo Woj-ciechowsky, siguieron con sus vidas. El País volvió a contactarlos para recoger sus testimonios. Solidaridad, miedo, angustia, alegría y decepción son algunos de los calificativos que surgen de las conversaciones con sus protagonistas.
LUCHA. En junio, y después de siete años, la Justicia había fallado a favor de la familia de Juan C., un niño de nueve años que, tras ser operado en 2001 en el Instituto de Cardiología Infantil por un problema cardíaco, fue contagiado con VIH por vía transfusional. Tres meses después, en septiembre, el Ministerio de Salud Pública, el ICI y el Hospital Italiano, apelaron el fallo.
"Tenía la esperanza de que no apelaran, de que se terminara acá. Desde lo humano no hay forma de entenderlo. Mi hijo entró al hospital por una intervención quirúrgica y me lo devolvieron con esta enfermedad (sida), que lo condicionó para el resto de su vida. Lo que siento es intransferible", decía en aquel momento Claudia Castro, la mamá de Juan.
Hoy, a pocas horas de levantar la copa, brindar y hacer el balance del año, el caso sigue sin resolución y ella sabe que demorará al menos seis meses más, pero está feliz porque Juan pasó de año. A quinto de escuela. "Es un sol. Este año fue difícil para él. Pasó raspando, pero pasó. Lo ayudamos mucho. Él es muy disperso. Es compañero, dulce, amoroso, pero disperso", cuenta su madre.
Otra de las cosas que destaca su madre es que, por suerte, Juan llegó a un peso determinado que le permite sustituir uno de los tantos jarabes que toma ("de gusto espantoso") por tres pastillas al día.
"Logró llegar a un peso y complexión adecuada que le permite tomar pastillas en vez de jarabe. Está muy contento, porque ya dejó atrás las arcadas y vómitos que le provocaba el jarabe", afirma su madre, que asegura fue un logro de él. Con diez años, sus padres consideran que todavía no está con la madurez necesaria para contarle a él cuál es y cómo contrajo su enfermedad. "Sentimos que no es el momento para explicarle. Él pregunta, y se resiste a tomar los medicamentos. Le decimos que esa medicación es para cuidar su vida, que no puede estar sin tomarla, pero nada más. No está con la madurez suficiente como para digerir todo eso. Pienso todo el tiempo en el día que hablemos", dice Claudia, que solo tiene un deseo, no para el nuevo año, sino para siempre.
"Que seamos un poco más solidarios todos, que nos pongamos más en el lugar del otro, que aprendamos a disfrutar la vida con las cosas lindas y sencillas que nos pasan, las buenas, las sanas. Uno ya aprendió a alegrarse con estas cosas, como que los resultados de análisis den bien, como que la medicación responda, y no haya variantes. Terminan siendo cosas disfrutables. Voy a pedir por que Juan siga creciendo y viviendo", pensó Claudia, en voz alta.
SUPERACIÓN. El uruguayo Matías Ferreira, Marine del Ejército norteamericano que en febrero de este año perdió sus dos piernas mientras patrullaba en Afganistán, ya tiene sus prótesis, novia, vida normal y se prepara para correr un maratón en enero. "Recién llegué de correr, porque voy a hacer un maratón en enero", dijo a El País desde el otro hemisferio, al contestar la llamada al celular.
Optimista y con una sobrecarga de voluntad, habló sin empacho de cómo sigue su vida tras el accidente. "La verdad que gracias a Dios está todo muy bien, muy normal. Por supuesto que va a ser un poco diferente con las prótesis, pero mi vida continúa y la verdad que no hay nada que no pueda hacer", sentenció.
Ferreira, que nació en el Cerrito de la Victoria y emigró a Estados Unidos a los 6 años de edad, contó que ahora se levanta de mañana, sale a correr, e incluso saca a pasear a su perro.
En septiembre del año pasado Ferreira llegó al sur de Afganistán, a la provincia de Helm, una de las zonas más conflictivas del país, en una misión. En un patrullaje, en febrero, pisó una mina, que le explotó literalmente encima. En el accidente perdió los dos pies, los tobillos y las piernas, pero los médicos lograron conservarle sus propias rodillas, lo que resultó fundamental para su pronta recuperación y para que pudiera seguir entrenando.
A pesar de lo sucedido, asegura que no está arrepentido de haber ingresado al Ejército. "Si pudiera lo haría otra vez. Hay momentos en los que he sufrido, pero no puedo hacer nada, solo me queda seguir adelante. Hoy tengo una novia y siempre salgo a bailar o de rumba.
Matías sigue vinculado al Ejército, ya que ayuda en la academia dando charlas motivacionales y clases teóricas. "Estoy ayudando en la academia militar. Voy a hablarle a los chiquilines, les muestro cómo hacía mi trabajo, cómo se puede ayudar a que las cosas salgan bien o incluso cómo se puede salir adelante después de un accidente".
Incluso estuvo averiguando si, después de algunas pruebas, podía demostrar que era capaz de volver al servicio activo. "Me dijeron que si me faltara solo una pierna podría seguir haciendo mi trabajo, pero como me faltan las dos, con todo el peso que hay que cargar y corriendo todo el día como estaba allá, no lo puedo hacer. Pero hay otros trabajos que sí voy a poder hacer, así que logré quedarme en el Ejército. Ellos me han dado muchas oportunidades", dijo Ferreira, que se despidió con un "¡Arriba la celeste!".
MIEDO. Juan Mariño, el óptico que en enero de 2009 último a un delincuente que lo iba a robar y cuyo caso de legítima defensa fue motivo de debate en el ámbito judicial y en la opinión pública, volvió a abrir su negocio, luego de recuperar la libertad el 17 de octubre, tras 200 días preso. "Salí en octubre y los primeros días de noviembre abrí la óptica de nuevo. El cariño de la gente y las muestras de apoyo que recibí fueron invalorables", expresó Mariño, que dijo no tener más remedio que seguir trabajando. "Trabajo con miedo, pero no tengo otro remedio. Quiero vender todo e irme al interior", remató.
El año que cambió nuestras vidas
Llegó como polizón, ahora está en Brasil
Jonah Asamoah (15) llegó a Uruguay a fines de abril. Lo hizo escondido en la sala de máquinas de en un barco pesquero, que justo recaló en el puerto de su país, Ghana, y tenía como destino el puerto de Montevideo. Quiso escapar de la miseria y el hambre de su pueblo, según contó a El País en su momento. Cuando llegó estuvo diez días viviendo en la calle (en la Ciudad Vieja) hasta que llegó al Comando del Ejército en busca de ayuda; allí lo vio una soldado, que decidió adoptarlo. Él decía que quería trabajar y estudiar. Y todo parecía tener el mejor final. Pero hace pocos días, cuando El País quiso tener un contacto con él, ya no estaba. Se había ido de la casa de su madre adoptiva. Ésta hizo la denuncia a la policía y al INAU, porque el joven no se estaba comportando "de forma correcta". Al tiempo, un cónsul uruguayo en Brasil dio aviso de que el joven estaba allí.
"Cualquier trabajador puede defenderse"
En enero de 2009, cuando salía del gimnasio, Juan Mariño, fue abordado por tres delincuentes, que lo amenazaron. Este extrajo un arma de su riñonera y, en su defensa, último a uno de ellos. En una primera instancia el caso fue archivado, pero el 5 de abril de 2011 Mariño fue procesado con prisión y tras seis meses en cárcel el fiscal pidió una condena de 13 años y 8 meses. El juez no accedió y Mariño salió en libertad el 17 de octubre, pero el fiscal volvió a apelar. Mariño abrió su óptica, tras poner al día los "papeles" de la empresa. Consultado sobre si tiene un arma responde con una pregunta: "¿Tú crees que en el lapso de tiempo que transcurrió entre que a mí me quisieron robar hasta ahora ha evolucionado la seguridad pública en cuanto a que yo merezca que actúe de otra manera? ¿Que no tienda a defenderme? Cualquier trabajador tiene derecho a defenderse".
Aparato que precisa Jan ya está señado
Gabriela y Gustavo son los papás de Jan, un niño (7) simpático que tiene parálisis cerebral. Desde que nació, sus padres han luchado por mejorar la calidad de vida de su hijo. Tras varios tratamientos dieron, en Argentina, con una máquina (estimulador de marcha) que podría ayudarlo. En septiembre se propusieron buscar fondos para comprarla, ya que no disponían de los US$ 25.000 que cuesta adquirirla. En aquel momento la noticia era la búsqueda de fondos. Hoy, es que la máquina está señada y llegará a mediados de enero. "Llegamos al dinero. Estoy sorprendido de la solidaridad de la gente. Fue un baño de amor y solidaridad. Nos llegaba el reporte de Abitab y había gente anónima o desconocida que colaboró con nosotros. Es realmente gratificante", dijo su padre. La máquina estará en una institución pública, para que sea de uso de varios niños con parálisis.
"Estoy tratando de estudiar para médico"
Por suerte puedo hacer todas las cosas que hacía antes, o más. Porque fijate que me estoy aprontando para correr un maratón en Orlando, Florida. Además en enero vuelvo a la Universidad porque estoy tratando de estudiar para ser médico, así que todo es muy normal y estoy muy cargado de actividades. Hace dos semanas fui a esquiar a las montañas y hace poco más de un mes salté en paracaídas. Hace tres días fui a visitar a la familia y a mi equipo de fútbol de salón. Justo tenían partido. Me preguntaron si quería ir a jugar y fui. La verdad que fue todo normal. Tiré 2 penales y todo. Por supuesto que no jugué tan bien como antes, pero fue bastante normal. Mis compañeros estaban en shock cuando me vieron. Por ahora no estoy trabajando. Estoy yendo a la Universidad, que me la paga el Ejército. Sigo cobrando mi sueldo como si fuera un Marine. Me han apoyado mucho".