María Julia Pou
Época de poca originalidad es esta del fin de año, de "las fiestas", en cuanto a las expresiones que todos usamos. No tenemos evaluación estadística pero por lejos debe de ganar "¡que rápido pasó el año!", seguido de "¡ya en diciembre!" y otras genialidades del mismo calibre. La que batió el récord fue aquella del buen paisano que, muy seguro de sí mismo agregaba "y dicen que el que viene va a pasar mucho más rápido".
Supongo que este último tenía algo de razón pues el valor del tiempo y la sensación de su pasaje, más o menos veloz, cambia según avanzan los años. De niños veíamos los meses de vacaciones desde la perspectiva del fin de clases hasta el lejano marzo, como una eternidad, disfrutable como pocas otras cosas. Hoy apenas aflojamos un poco el cuerpo y cumplimos con los rituales estivales, el sol comienza -desde el 22 de diciembre- a ponerse más al Norte.
Nostalgiosas reflexiones que no son originales pero por lo mismo nos acercan al lector en la compartida filosofía común de orientales. Lo que es de orden es el balance, ese no falla.
Más allá de los que son necesarios, sobreabundan los de resorte casero, los de la oficina o la reunión familiar, sesgados hacia los que pensamos, parcial, subjetivamente en deportes, economía y política. No la intentaremos por ser muy predecible nuestro juicio. Pretendemos originalidad en este terreno que ya hemos descripto como banalmente predecible. Es el otro balance en el que estamos muy seguros de coincidir con lo que se piensa pero no se dice, en el interior de la mayoría de nosotros.
Lo sintetizamos en preguntarnos, "¿no se podría haber hecho mejor?". Esta última es palabra peligrosa pero muy motivante y positiva. Peligrosa por su cargado subjetivismo, motivante y positiva porque no implica partir de un juicio negativo, por el contrario, acepta la bondad de actos o actitudes pero aspira a que sean superados en el futuro.
Comenzamos por los tiempos del gobierno. Dejamos de lado lo imprevisible, obviamente. Pero lo cierto es que se sabe cuando se inician y cesan las clases, pero no se hacen lo arreglos edilicios en vacaciones.
Es verdad que hay problemas de remedios pero alguien tiene que prever que las vacunas se adquieran oportunamente o que se vigilen las existencias para comprar a tiempo. Faltan pasaportes en todos los consulados porque se dice que los cambiarán, pero no podemos negarnos a expedirlos a compatriotas que acuden a los mismos.
El Presidente podría hablar menos y contar por lo menos hasta tres, antes de soltarle un exabrupto a un periodista. Podría llegar en hora a las ceremonias y advertir que todos queremos que las mismas tengan un nivel digno, acorde con lo que se quiere conmemorar o celebrar. Algunos profesores podrían asistir con más frecuencia a clase y los padres ayudar a los docentes a enderezar a los muchachos en lugar de tomar partido por éstos ante la menor reprimenda.
Muchos periodistas y políticos podrían averiguar bien los hechos antes de comentarlos o hacerse eco de los mismos ante el primer envión del chisme. Entre los huelguistas estar más en sintonía con los usuarios y no penalizarnos a todos porque no quieren concursar por los ascensos. Es otro balance que será muy fácil equilibrar para el 2012.
¡Feliz año nuevo!