Regreso a la escena del crimen

CLAUDIO FANTINI

Dos décadas después, volvió al escenario del crimen. Tras pagar en cárceles norteamericanas y francesas delitos de narcotráfico, Manuel Noriega fue devuelto a Panamá, donde lo esperan sus crímenes de lesa humanidad. Entre ellos, el asesinato de uno de los guerrilleros más notables de Centroamérica: Hugo Spadafora, genuino libertario que peleó junto a Amílcar Cabral por la independencia de Guinea y Cabo Verde. Después fue funcionario en Panamá, hasta que denunció corrupción en el régimen de Omar Torrijos. A renglón seguido, luchó en Nicaragua contra Somoza, pero luego peleó con Edén Pastora contra la dictadura sandinista. Y cuando regresó a Panamá a luchar contra la narcotiranía de Noriega, fue capturado y decapitado.

El general ordenó matarlo porque Spadafora denunciaba sus crímenes desde que dirigía la G-2 (servicio de inteligencia) y al mismo tiempo era agente de la CIA.

Noriega reinó en Panamá tras la muerte de Torrijos. Pero cuando su vínculo con el cartel de Medellín lo puso en la mira de Washington, levantó banderas de nacionalismo antiimperialista.

Si la brutal invasión ordenada por Bush padre y ejecutada por el general Carl Stiner no lo hubiera derribado, Panamá sería parte del ALBA y Noriega un camarada de Chávez, a pesar de haber asesinado a miles, haciendo desaparecer sus cuerpos igual que hizo desaparecer la cabeza de Spadafora. Con ese mar de aberraciones se encontrará Noriega en los tribunales, ahora que la historia lo hizo volver al escenario del crimen.

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