En muchos casos, el hombre y la mujer comunes, los sencillos ciudadanos y habitantes de una comunidad, pueden ofrecer ejemplos de sabiduría que no siempre proporcionan los gobernantes de turno. Un modesto taximetrista pudo señalar a un pasajero accidental hace algunos días, comentando la lamentable foto en que se veía al Presidente de la República en Caracas con una campera militar que lucía la insignia del ejército venezolano -en una escena defendida por el canciller de la República, argumentando que lo hizo porque tenía frío-, que le daba vergüenza que "ese Señor" lo representara. La semana pasada, por su parte, un lúcido lector, en la misma línea que lo hicieron los lectores de otros órganos de opinión, criticaba en nuestra sección "Ecos" la cantidad de organismos inútiles e innecesarios, acumulativos además, que sólo servían para colocar políticos frustrados. Y le asiste razón. Con tantas cosas que hay que hacer en el país, al Frente Amplio no se le ocurrió ahora mejor cosa que adherir a la creación de un nuevo organismo internacional, marcando el paso al compás de los resentimientos del presidente Chávez, que se incorpora a la larga lista de siglas con el apelativo de Celac, (Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños), que no tiene ni la originalidad del nombre, ya que plagiaron el de un Centro de Estudios propiedad del expresidente Lusinchi creado en el año 2001 y el de una marca de papilla para niños de la tradicional firma Nestlé.
Heredero del Grupo de Río y de la Cumbre de América y el Caribe, (la ex CALC), se estableció pomposamente como un nuevo organismo intergubernamental de ámbito regional para promover la integración y el desarrollo de los países latinoamericanos, ignorando que nosotros ya tenemos el Mercosur, y que en América -inventada también por Venezuela- el 23 de mayo del 2008 en Brasilia, nació una Unión de Naciones Sudamericanas, la famosa Unasur, que se estableció con propósitos similares ("construir una identidad y ciudadanía suramericana y desarrollar un espacio regional integrado") que para lo único que sirvió fue para cobijar en estado de santidad al expresidente Kirchner, que nunca ejerció el cargo de Secretario Ejecutivo para el que fuera designado, con la bendición del Presidente Mujica y la complicidad de nuestro canciller, en una vergonzosa adhesión.
Otro aspecto criticable es que, así como el Mercosur ya tiene su Parlamento -que se niega a morir, pese a la partida de defunción que le extendieran los Senadores Abreu y Lacalle en una sesión de su Cámara- y la Unasur también cuenta con un órgano deliberativo, como lo es el "Consejo de Jefes y Jefas de Estado", un "Consejo de Ministros y Ministras de Relaciones" y otro de "Delegados y Delegadas", internacionalizando aquella discriminación de género que el presidente Vázquez lanzara al asumir su cargo (el famoso "uruguayos y uruguayas" que sus acólitos recogieron en forma unánime desconociendo lo que dice el Diccionario de la Real Academia), a este Celac se le incorporó también un nuevo Parlamento, merecedor como aquel, de todas las críticas que le dirigiera el Instituto Manuel Oribe en un sólido y documentado estudio.
Contienen los dos las mismas inconstitucionalidades y carecen de uno de los atributos elementales en este tipo de instituciones, como lo es el estar dotado de poderes jurídicos que permitan imponer el cumplimiento de sus decisiones, además de la posible sorpresa que pueden ofrecer los mecanismos de votación imponiendo resoluciones contradictorias con las políticas internas.
Ni el Presidente de la República ni el Canciller pueden firmar documentos en los cuales se modifique la Constitución ni, como lo señalara el exministro Guillermo García Costa, que al amparo de teorías internacionalistas o globalizadoras, puedan debilitar el concepto de nacionalismo. No deja de ser sugestivo que Rusia haya anunciado ya su voluntad de establecer vínculos con la Celac.
¡En que manos hemos caído!