LONDRES | THE ECONOMIST
Ahora, hay más mujeres con nivel de educación superior que los hombres, pero no obtienen los empleos acordes con ese logro. La brecha más notoria está en el mundo del trabajo. La situación está mejorando, aunque pasó demasiado tiempo.
"La mujeres no están al tope en ningún lado", dice Herminia Ibarra, profesora en la escuela de negocios Insead, en las cercanías de París. "Muchas aparecen en la lista de alto potencial y después languidecen allí por siempre". Eso es ampliamente cierto no sólo en los negocios, sino también en política, el ámbito universitario, el derecho, la medicina, las artes y en casi cualquier otro campo que pueda mencionarse.
En los Parlamentos alrededor del mundo, las mujeres tienen en promedio sólo el 20% de las bancas, aunque los nórdicos lo hacen mejor. En Finlandia -uno de los primeros países que les dio el derecho al voto, en 1906- las mujeres, en diversos períodos, desempeñaron más de la mitad de los cargos ministeriales. Una mujer fue primera ministra en un gobierno anterior y en la actualidad, la presidenta Tarja Halonen es la primera mujer que desempeña ese cargo. Abogada, valiente luchadora por los derechos de la mujer y madre soltera, se acerca al final de su segundo y último mandato, pero le gustaría ver a otra mujer presidenta en poco tiempo: "Una vez no basta". En otros lugares, las líderes políticas son menos usuales -hay que pensar en Angela Merkel, de Alemania, Dilma Rousseff, en Brasil, Julia Gilliard, en Australia y Ellen Johnson Sirleaf, en Liberia- aunque todavía lejos de lo habitual.
La brecha más notoria entre hombres y mujeres todavía está en el mundo laboral. El Foro Económico Mundial, con sede en Ginebra, publicó a comienzos de noviembre su nuevo "Informe Global de la Brecha de Género", en el que comparó los avances hacia la igualdad entre los sexos, en cuatro grandes áreas, en 135 países. Saadia Zahidi, quien lidera el Programa de Líderes Femeninas y Paridad de Género, del Foro, señala que la mayoría de los países, en gran media, han cerrado la brecha, en los últimos años, en salud y educación. En política, la brecha todavía es ancha, aunque el progreso ha sido relativamente rápido. En la cuarta área, oportunidades económicas, el cambio es de una lentitud desalentadora, no sólo en los países en vías de desarrollo, sino también en muchos de los ricos. Zahidi argumenta que "brechas más pequeñas en oportunidades económicas están directamente relacionadas con mayor competitividad, por lo que el aumento de la igualdad ayuda a promover el crecimiento económico".
LOGROS. A primera vista, las mujeres han hecho todo lo posible para preparase. Al advertir que los hombres obtenían mejores empleos si tenían más alto nivel de educación, concurrieron masivamente a las universidades. Salieron a buscar trabajo en número tan alto que en muchos países ahora tantas mujeres como hombres tienen empleo. Ingresaron en masa a negocios y profesiones y muchas más de ellas, en estos tiempos, llegan a empleos de nivel medio. Allí para la amplia mayoría de ellas.
Los motivos son complejos, pero algunos sobresalen. En primer lugar, el trabajo en la mayoría de las organizaciones está estructurado de maneras que fueron establecidas hace muchas décadas, cuando los hombres casados eran quienes ganaban el sustento y las mujeres casadas permanecían en el hogar. Si bien la gran mayoría de las familias ya no se ajusta a ese esquema, la mayoría de los lugares de trabajo no ha incorporado los cambios. Piensan que son igualitarios al tratar a las mujeres exactamente igual que a los hombres, aunque las circunstancias de una mujer, con frecuencia, son diferentes.
carrera. En segundo lugar, aunque la biología no tiene por qué señalar el destino, resultaría tonto pretender que tener hijos no afecta la carrera de las mujeres. Si bien las mujeres ahora tienen hijos más tarde y en número más pequeño, con frecuencia, comienzan a pensar en tener una familia justo cuando las personas volcadas a su carrera están luchando enloquecidamente para llegar a la copa de su árbol. Muchos lugares de trabajo fijan metas críticas para aspirantes a líderes (como es hacerlos socios o incorporarlos al directorio) a edades específicas. Algunas mujeres se incorporan a la lucha y se olvidan de tener hijos, pero si se toman el tiempo para comenzar una familia, descubren que después les resulta muy difícil ponerse al día.
En tercer lugar, las mujeres pueden ser sus peores enemigas. Tienden a tener menos confianza en sí mismas que los hombres y no levantan las manos, por lo que no reciben las tareas más codiciadas, las promociones ni los incrementos salariales. Iris Bohnet, profesora de Harvard, dice que las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de negociar por sí mismas (aunque lo hacen muy bien cuando negocian para otros) y están menos dispuestas a expresar su opinión cuando no están seguras. También pueden ser demasiado honestas. Cuando a un equipo encabezado por Ron Ely, de la Facultad de Negocios de Harvard, le pidieron que asesorara sobre los motivos de la alta rotación entre las mujeres, descubrió que los proyectos de la empresa, con frecuencia, estaban mal administrados, lo que se traducía en largas horas de trabajo. Los hombres tampoco estaban contentos, pero en reserva reacomodaron las cosas para que todo les resultara más fácil. Las mujeres pasaron a horario reducido o renunciaron.
POSTERGADAS. En cuarto lugar, la discriminación continúa de maneras sutiles. Las facultades de Negocios que siguen las carreras de sus exalumnos, descubren que los hombres son ascendidos en función de su potencial, pero las mujeres son promovidas por su desempeño, por lo que avanzan con más lentitud. Las mujeres se adaptan a eso, lo que enlentece aún más su progreso, y la discriminación continúa sin que ninguna de las partes necesariamente tenga conciencia de ello.
Subutilizar a las mujeres a lo largo del espectro de la actividad humana es obviamente un desperdicio. Sus dotes cognitivas son iguales a las de los hombres, pero debido a que tienen intereses y estilos diferentes, contribuyen a la diversidad y probablemente a hacer que los lugares de trabajo sean más innovadores. Debido a que la población de la mayoría de los países ricos envejece, el talento de las mujeres será aún más necesario en el futuro.
¿Qué puede hacerse? La legislación hace la diferencia. Durante las últimas décadas, la mayoría de los países ricos y también muchos de los más pobres, han aprobado leyes para asegurar igualdad de oportunidades y de salario a las mujeres. No siempre el resultado es el esperado, pero hacen menos probable la discriminación abierta y grosera. La brecha salarial entre hombres y mujeres se ha reducido de manera significativa en la mayoría de los países en los últimos 30 a 40 años, aunque el progreso se ha hecho más esporádico.
Los gobiernos también pueden ayudar de diversas maneras: asegurando que las normas impositivas no discriminen contra familias con dos ingresos; legislando para licencias maternal y paternal razonables, y, a largo plazo, organizando las horas de clases para permitir que los dos padres tengan empleos remunerados.
Hay predominio de trajes, pero pocas polleras en los directorios de empresas
LONDRES | Noruega se hizo famosa por imponer una cuota del 40% para mujeres en los directorios de todas las empresas estatales y de las que cotizan en la Bolsa. A lo largo de una década, ese mecanismo incrementó la proporción de mujeres en los directorios del 6% a la cifra requerida. Aagoth Storvik y Mari Teigen, dos académicas de Oslo que hicieron un estudio detallado sobre el experimento, descubrieron que al aplicarse esa política, la polémica acalorada respecto de la misma desapareció y el sistema parece estar funcionando con fluidez. Sin embargo, las investigadoras también destacan que solo 5% de los presidentes (y solo 2% de los propietarios de empresas cotizadas en la Bolsa de Valores de Oslo) son mujeres.
De cualquier manera, otros países han recogido el ejemplo noruego. España fijó una meta obligatoria de 40% de directoras en las grandes empresas para 2015 y Francia para 2017. Alemania discute si impone cuotas. En Gran Bretaña, un informe encomendado por el gobierno a comienzos de este año, recomendó que las empresas se fijen a sí mismas metas voluntarias, aunque seis meses después parece que solo un puñado lo aplicó y el tema está bajo revisión.
La comisionada de Justicia de la Unión Europea, Viviane Reding, dijo a líderes empresariales europeos que deben promover a muchas más mujeres a los directorios de manera voluntaria, o pueden ser obligados a hacerlo.
Nadie gusta de las cuotas: suenan a acto simbólico y competencia desleal. Sin embargo, muchas personas que al comienzo se opusieron a las mismas, cambiaron de manera de pensar. THE ECONOMIST
Las cifras
16% de los cargos en los directorios de empresas en Estados Unidos es desempeñado por mujeres. El promedio en Europa es del 10%.
516 Son los millones de mujeres analfabetas en todo el mundo, en tanto hay 258 millones de hombres en esa situación.
20% Es el promedio de mujeres que integran los Parlamentos del mundo. Suecia es el país que tiene más legisladoras con el 45%.
Predominio femenino en varias profesiones
Londres | Dos tercios de los 774 millones de analfabetos en el mundo son mujeres, una realidad que ha permanecido sin cambio durante las últimas dos décadas. En los países ricos, casi todos, hombres o mujeres, pueden leer y escribir. En regiones en vías de desarrollo como el Sur de Asia, África del Norte y Subsahariana, y Medio Oriente, es más probable que haya más hombres que mujeres que sepan leer y escribir. Pero, en todos lados, las chicas se ponen al día. En el mundo emergente, el 78% de ellas está en la escuela y solo en proporción levemente menor que los varones (82%). En secundaria, la matrícula permanece más baja y las chicas están más rezagadas, aunque la situación está mejorando.
La gran sorpresa ha sido el enorme avance de las mujeres en la educación terciaria. A lo largo de los países ricos, la participación de mujeres de más de 25 años que han tenido alguna forma de educación superior, se sitúa ahora en 33%, frente al 28% de los hombres. Hasta en muchas regiones en desarrollo constituyen la mayoría de los estudiantes de la educación superior.
Todavía es demasiado temprano para sentir pena por los hombres. Si bien las mujeres ahora logran más títulos universitarios, todavía obtienen menos títulos de posgrado, aunque en Estados Unidos parecen haber alcanzado a los hombres. Si se mantienen en el ambiente académico, son promovidas con más lentitud que los hombres. Muchas son desplazadas por la manera como funciona el sistema de promociones académicas, explica Lotte Bailyn, profesora de la Facultad de Administración del MIT.
De manera crucial, la ventaja de las mujeres en los títulos universitarios no se ha traducido hasta ahora en mejores oportunidades laborales. En un estudio publicado a comienzos de este año por Ina Ganguli, Ricardo Hausman y Martina Viarengo, de la Facultad Kennedy de Gobierno, de la Universidad de Harvard, llegaron a la conclusión que el logro de la paridad educativa es un "cheque al portador" que puede presagiar que más mujeres se incorporarán a la fuerza laboral, aunque muchos otros factores -como son las actitudes culturales y la disponibilidad de cuidado de los niños- también juegan un papel. Por sí sola, la paridad educativa -aun la superioridad- no es suficiente.
En los países ricos, las mujeres representan más del 70% de los títulos en humanidades y salud, mientras que la amplia mayoría de los títulos en matemáticas e ingeniería van para los hombres. Las mujeres con títulos en humanidades tienen menos probabilidad de ser requeridas para empleos en industrias de alta tecnología, que tienden a pagar bien. En el nivel de posgrado, la brecha es aún mayor. En los cursos de Máster en Administración de Empresas, la avenida clásica hacia altos empleos en las corporaciones, las mujeres constituyen solo un tercio de los estudiantes. THE ECONOMIST