Lección del maestro

Ruben Loza Aguerrebere

Nunca se imaginó que llegaría tan lejos, en 1964, al fundar "Le Nouvel Observateur". Entonces, Jean Daniel no soñaba que estaba añadiendo una institución a la vida cultural francesa. Hoy, él representa el mejor periodismo humanista y es uno de los intelectuales de mayor influencia en la política y la cultura francesas. Obtuvo numerosos galardones, entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias.

Nacido en 1920 (en Argelia colonial), amigo personal de Albert Camus, prosigue escribiendo sin parar en ese semanario donde lo político, cultural, la tradición y la modernidad, se han convertido en hechos y en espiritualidad jamás disociados.

Se ha editado "Ese extraño que se me parece" (Galaxia Guttenberg), que es una larga conversación con Jean Daniel. El libro nos permite tener, así, una amplia visión de esta personalidad singular. Sobre Jean Daniel hemos escrito muchas veces en esta columna, comentado sus "Diarios", sus libros de relatos como "El amigo inglés" y sus ensayos sobre literatura como "Les miens" (los que nos enviara gracias a una antigua amistad) así como hemos señalado su reciente libro: "Camus. A contracorriente". Este periodista que ha escrito miles de editoriales, este observador comprometido con su tiempo, abre acá las puertas de su vida a Martine de Rabaudy, quien pregunta y escribe.

En "L`Express" se dio a conocer; allí le dijo unas pala-bras que no olvida y que agradece, nada menos que Jean Jacques Servan Schreiber, augurándole exitoso destino periodístico.

Poco después decide fundar su revista. Recuerda que en aquellos tiempos "ya nadie era estalinista, al menos entre nosotros" y que la guerra de Argelia había dado paso a un cínico desencanto, y la despolitización y el hedonismo estaban de moda. Urgía definirse porque Malraux acababa de proclamar en esos días: "Entre los comunistas y nosotros, los gaullistas, no hay nada". Y, a pesar de que era un "camusiano", dio entrada en sus páginas a Sartre (el primero amaba el periodismo, el segundo no).

Vastamente conocido en el mundo, andando el tiempo Jean Daniel rompió relaciones con Marruecos, después con Fidel Castro, y esto, recuerda, "provocó unos nubarrones en mi amistad con García Márquez". Respecto de la tentación del poder, dice que "todos nosotros la hemos sentido". Y pasa revista a sus amigos, como Francoise Giroud, que fue ministra de Giscard y como el escritor Jorge Semprún, ministro de Felipe González.

A él mismo, el presidente Mitterrand le ofreció ser embajador más de una vez. No aceptó. Y señala, además, que para ejercer el poder, primero, hay que desearlo, y, segundo, hay que "ser accionista mayoritario", y él no lo era.

Y volviendo a su tarea esencial, el periodismo, festejó con alegría sus cuarenta años como editorialista, y dijo que gracias a los reportajes había sentido la voluptuosidad de ser escritor.

Finalmente, nos dice que la receta para avanzar en el tiempo consiste en ser un espíritu libre y en mantener viva la capacidad de admiración. La lección de un maestro. La lección del maestro.

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