Ministerio de la verdad kirchnerista

CLAUDIO FANTINI

En el Ministerio de la Verdad, la tarea del señor Winston Smith era reescribir la historia para que sea funcional al poder. Esa falsificación del pasado, junto con el accionar de la Policía del Pensamiento y con el léxico represivo de la Neolengua, basada en el principio de que lo que no está en el idioma no puede ser pensado, completaban el totalitarismo que describe la novela "1984", de George Orwell.

Aquella obra maestra del género distópico se asoma en el debate que acaba de envolver a la Argentina. Un decreto presidencial crea el Instituto de Revisionismo Histórico y las aguas se parten entre quienes lo defienden y quienes lo cuestionan. Según los defensores, la entidad servirá para rebatir la versión "liberal" de la historia argentina, desde una mirada "nacional y popular".

Además del prestigio de muchos cuestionadores, el problema de esta iniciativa de la presidenta Cristina Kirchner empieza en el propio argumento de los defensores. Sucede que el revisionismo es un valioso instrumento de dilucidación histórica, en tanto y en cuanto no quede al servicio de ideologías o proyectos políticos; y justificar al nuevo ente estatal como instrumento "nacional y popular" contra la historia "liberal", no es una señal en tal sentido. Sobre todo cuando se trata de un gobierno empeñado en imponer un pensamiento único.

La ideología desvirtúa la revisión histórica. Lo prueba, entre otros muchos ejemplos de izquierda y derecha, el Institute For Historical Review, creado por el fundador del British National Party, William McCalden, para reivindicar al nazismo y negar el holocausto.

El revisionismo kirchnerista jamás caería en monstruosidades de ese tipo. Pero desde que llegó al poder, sus usinas intelectuales han construido un relato político de carácter épico, que visiblemente manipula la historia de las décadas pasadas y del matrimonio Kirchner. Para difundir ese relato, el gobierno no ha vacilado en utilizar los medios públicos de comunicación, con los que también realiza ataques personales a quienes sostienen visiones contrapuestas.

Con semejante antecedente, es lógico que la creación de un ente estatal que tendrá más divulgadores históricos que historiadores, evoque el Ministerio de la Verdad donde el señor Smith reescribía la historia para servir al poder, en la novela con que Orwell describió el totalitarismo.

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