Mataron a 182 desde la caída del Muro

Ultraderecha. Se cobraron más víctimas que cualquier otro grupo en Alemania

Berlín | El País de Madrid

Como Enver Simsek, que atendía un puesto de flores en Núremberg (Baviera) cuando fue tiroteado con dos pistolas diferentes, hace ahora once años. En los seis años siguientes también murieron a manos de los terroristas neonazis un sastre, dos fruteros, dos vendedores de kebab, un hostelero, un cerrajero, un quiosquero y, por último, el joven Halit Yozgat en Kassel.

Todos menos uno, que era griego, tenían ascendencia turca. Pero la Policía alemana descartó desde el principio la posibilidad de un móvil ideológico de la desconcertante serie de crímenes y la atribuyó a oscuras mafias extranjeras.

La guinda racista la puso quien bautizó la campaña terrorista como "los asesinatos del kebab".

Hace diez días fue detenido un militante neonazi llamado Holger G., el cuarto sospechoso de colaboración con la banda original de tres asesinos.

Alquiló vehículos para ellos y les prestó papeles. Es que todo apunta a que el trío contó con una amplia red de cómplices o ayudantes.

El propio Holger G. era un viejo conocido de las autoridades de Baja Sajonia, cuyos servicios secretos lo vigilaron por su supuesta complicidad con el trío desparecido; pero él siguió ayudándoles sin que nadie se lo impidiera.

La sangre fría de los asesinos se acerca muy bien a la ideología nazi, que deshumaniza al contrario.

Desde este punto de vista no sorprende que nadie reivindicara los atentados en su día: se trata de exterminar al adversario, como hacía la SS de Hitler en los campos de concentración.

Pero, si se acepta esa explicación, no se entiende para qué hicieron el vídeo de la Pantera Rosa (donde muestran a los cadáveres y se burlan de ellos).

Solo enviaron un par de copias. Uno de los sobres iba dirigido al partido de izquierda PDS, que no existe desde que se fundó Die Linke en 2007. Otro ejemplar llegó al buzón del diario bávaro Nürnberger Nachrichten en un sobre sin franquear: alguien lo había llevado personalmente.

Son 15 minutos de humor grotesco en los que muestran los cadáveres ensangrentados y se mofan de las víctimas. Lo llaman "la gira alemana de NSU".

Hay que alinear ese interrogante en una larga fila: ¿De qué vivió el trío original durante 14 años? ¿De dónde sacó las armas? ¿Cómo supieron que los iban a detener en 1998? ¿Se suicidaron realmente dos de ellos? ¿Qué papel jugaron los servicios secretos y el "Pequeño Adolf"?

Los servicios secretos alemanes, tanto los internos (BFV) como los externos (BND), tienen una larga tradición de ceguera del ojo derecho.

En la posguerra alimentaron sus filas con antiguos nazis. Caído el Muro, y sin perder del todo sus obsesiones por la izquierda, los investigadores reemplazaron el viejo enemigo comunista por la flamante amenaza islamista.

La ultraderecha se ha cobrado muchas más vidas en Alemania que cualquier otro tipo de terrorismo.

La fundación antirracista Amadeu Antonio cuenta 182 víctimas mortales de agresiones de ultraderecha desde la unificación de Alemania en 1990.

La canciller Angela Merkel prometió "el esclarecimiento inmediato y completo" de los 10 últimos asesinatos. El comisario Witthaut también espera que se logre, pero añade un resignado: "A lo mejor".

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