GUILLERMO ZAPIOLA
Es y no es una película sobre Silvio Berlusconi. O en todo caso, el retrato ficticio del polémico político italiano es solamente un aspecto de "El caimán", película dirigida por Nanni Moretti que acaba de salir en DVD.
En realidad se trata de un juego de espejos, un mecanismo de "ficción dentro de la ficción", y la figura de Berlusconi es una pieza de ese rompecabezas. En el centro de la historia hay un director de películas de clase B (interpretado por el excelente Silvio Orlando) que intenta llevar adelante su último proyecto, un film sobre Cristóbal Colón. Pero el hombre tiene a sus espaldas un prontuario de fracasos, y los productores le retiran la confianza. Tiene que pensar en otra cosa.
En ese momento se cruza en el camino del personaje una joven cineasta (Jasmine Trinca) que le propone un guión que constituye, sin mucho disimulo, una biografía de Berlusconi. El personaje de Bonomo se entusiasma con el proyecto (al principio sin darse mucha cuenta de qué se trata), sale a buscar financiación y a convencer a un actor famoso (Michele Placido) para que interprete al político. Por supuesto, va a tener unos cuantos problemas.
De hecho, el film aparece construido sobre una triple línea argumental. Por un lado está el costado intimista, la exploración las dificultades personales del cineasta con su esposa (Margherita Buy, que es también la actriz protagónica (en onda "mujer perversa") de sus películas, y sus hijos. El matrimonio no termina de reconciliarse pero tampoco llega a la ruptura total, en un juego de vaivenes que muchos casados sabrán reconocer. Ello se entrelaza con otra de las constantes del cine de Moretti: la sátira de la izquierda pensada desde la izquierda, a la que se contempla como una suerte de pandilla de (para utilizar la expresión que Mafalda aplicaba a las Naciones Unidas) "simpáticos inoperantes".
Y por supuesto, está también Berlusconi, o alguien que se le parece mucho y contra quien el film dispara alguna de su artillería de mayor calibre. Ahora que el proyecto político del magnate italiano ha estallado en el aire como una pompa de jabón, algunas de las cosas que se dicen de él en la película pueden resultar un poco obsoletas, pero en el momento de la realización del film (2006) estaban muy vigentes. La película no se anda con muchas vueltas para poner sobre el tapete acusaciones de corrupción, intentos de censura de los medios opositores, sospechas de contactos entre el gobierno y la mafia, existencia de cuentas bancarias de origen más bien oscuro.
Heredero de la gran tradición de la comedia italiana, de una parte del neorrealismo y del cine político y militante de los años setenta, Moretti parece haber bebido de todas esas fuentes a la hora de realizar El caimán (dicho sea de paso, el título evoca el sobrenombre que un periodista italiano adjudicó a Berlusconi). Naturalmente, no sería una película de Moretti si no contuviera una reflexión sobre el cine (recordar Caro diario, o Aprile), que para el caso incluye referencias a El caso Moro de Giuseppe Ferrara, sobre el secuestro y asesinato del político democristiano Aldo Moro por las Brigadas Rojas, justamente el tipo de cine militante que el cineasta dice que actualmente no se hace. No es casual que a lo largo del film asomen en fugaces apariciones otros cineastas, empezando por Giuliano Montaldo (el de Sacco y Vanzetti) y siguiendo con Paolo Virzi, Matteo Garrone y, por supuesto, el propio Moretti.
El caimán es, inevitablemente, la clase de película que genera más polémicas extracinematográficas que reflexiones sobre la cantidad de cine que contiene (que por cierto es bastante). En Italia se la estrenó en plena campaña electoral de 2006, con enojos de la derecha y aplausos de la izquierda (aunque no toda). No falta quien crea que la película influyó en la derrota de Berlusconi en esas elecciones (fue derrotado por estrecho margen por la Unione de centroizquierda de Romano Prodi), pero Moretti no es uno de ellos. Sabe que el cine no tiene tanto peso.
Lo que su cine tiene, en todo caso, es eficacia, y entre la historia individual y el cuadro coral El caimán se las arregla para tirar varias ideas sobre los cambios en la sociedad italiana de los últimos treinta años. Lo hace con buenos actores, una dosis de inteligencia y bastante más humor ácido del que desplegaría luego con respecto a la Iglesia Católica en la actualmente en cartelera Habemus Papa. El film fue también un enorme éxito de público en Italia, pero habría que averiguar si se debió a sus calidades ciertas o a su política.