Cerró el Circo Berlusconi

REBAR

La noticia -aunque esperada en los últimos meses- no dejó de calar hondo en mi apesadumbrado espíritu. Desde la época del circo romano, Italia no asistía a un espectáculo de variedades como el que venía ofreciendo el Circo Berlusconi: llorará esa pérdida por muchos años, siglos tal vez, quizás milenios.

El creador, empresario, mandón y mujeriego, con una impactante y multifacética personalidad, supo eludir su misión de primer ministro y dedicarse a su prueblo para darle pan... y circo. Don Silvio Berlusconi fue, él solo, todo un elenco circense. Propietario exclusivo, actuaba de organizador, coordinador, monologuista, y galán maduro, con saldo favorable para aumentar su fortuna. Inventó mil fórmulas de coimas en beneficio propio, con extensión a sus amigotes. Su exhibicionismo excedía los límites habituales en los poderosos; y se presentaba tanto al frente del Senado imponiendo un rotundo "todo el mundo boca abajo", como ordenándole a una ninfa que se ubicara boca arriba. En pocas palabras: las hizo todas.

Como mago, descolló en el número en que despositaba su billetera en el fondo de una galera, y de ésta extraía segundos después a una marroquí de 17 años, formato pecado. Como ilusionista, le mostró al "popolo" durante tres períodos de gobierno (o desgobierno) una acuarela de bonanza y felicidad "a la moda italiana". Haciendo las veces de hombre forzudo, rompió todo los códigos de la moral: y en su papel de tragafuegos, quemó miles de expedientes comprometedores. En su actuación de acróbata, asombró volando entre trapecios tendidos por la Justicia, para saltar sobre audiencias a las que nunca compareció. Igualó en su trato de millonario, al Papa con las "papusas": y completando este acto de Biblia y calefón, en sus programas circenses jamás faltó el desfile de "yeguas" tordillas (a la usanza de la escuela española de Viena) sobre las cuales montaban -expertas en diversidad de montajes- siempre atentas a los latigazos al aire del varonil adiestrador, once amazonas diplomadas en la Facultad del Jolgorio que lucían sendas casaquillas rojinegras del Milano F.C., que al cabo de un paseíto arrojaban al público. Emocionaba conmovedoramente el cuadro final, a cargo de la mujer barbuda: aparecía en camisón de dormir, portando un reloj gigantesco: se detenía en el centro de la pista, tomaba el despertador entre sus manos, y en una versión femenina de "Hamlet", decía: "Ellas... ¡o yo!" Se alejaba entonces hacia el futuro inmediato, con su tremenda barba, que fue creciéndole a medida que, en aquella madrugada, aguardaba el regreso del marido al hogar. Ganaron "ellas", y la pareja matrimonial se deshizo en mayo de 2009. Se trataba de una representación de la figura de Santa Verónica -la heroica esposa del "Berlu"- que cerraba la función en tanto la banda de musicantes, en lugar de desafinar con la clásica marcha circense, lo hacía con un alegre "Bunga Bunga".

Así finalizó su agitada trayectoria, el Circo Berlusconi. Haya paz en su carpa.

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