Antonio Mercader
Mientras Mujica estrecha relaciones con Cristina Kirchner, Vázquez se acerca cada vez más a Hermes Binner, jefe de la oposición a la presidenta argentina. Parecería que los dos líderes del FA juegan un ajedrez político a través del Plata, lo que es raro y riesgoso. Si Mujica y Vázquez pertenecieran a partidos distintos podría hablarse de una política de pesos y contrapesos, tal como la practicaron Luis Batlle y Herrera en tiempos de Perón, pero no es el caso.
Por eso fue válida la pregunta de Fernández Huidobro en el Consejo de Ministros: "¿A qué está jugando Tabaré Vázquez?" (en materia de política exterior). Aunque algunos opinen que con exceso, Mujica privilegia la relación con su colega de Argentina, un país con el que tenemos graves asuntos pendientes: flujo de datos fiscales, situación de Botnia-UPM, trabas en el intercambio comercial, gas, dragado de canales, etc. En esos forcejeos el coqueteo de Vázquez con el principal opositor de la presidenta argentina no ayuda en nada y eso es lo que inquietó a Fernández Huidobro.
Cierto es que la relación de Vázquez con Binner viene de lejos, afianzada en varias coincidencias. Ambos son médicos y socialistas, tienen casi la misma edad y fueron en sus respectivos países los primeros izquierdistas en quebrar el dominio de los partidos establecidos. Vázquez arrancó con la Intendencia de Montevideo para luego alcanzar la Presidencia. Binner logró la gobernación de Santa Fe y ahora busca proyectarse en lo nacional. Su campaña no ocultó afinidades con sus amigos orientales a partir del nombre de su partido, Frente Amplio Progresista, hasta su lema, "Nace una esperanza" (inspirado en el "Ha nacido una esperanza" acuñado por el Frente Amplio uruguayo en el año 1971).
También de atrás viene la buena química entre Mujica y los Kirchner. A Néstor y Cristina siempre les gustó recordar el pasado guerrillero de Mujica y sugerir sus propios lazos, nunca comprobados, con la guerrilla montonera. Con Mujica comparten un estilo emotivo y populista de hacer política así como el apego a las viejas consignas del discurso sesentista, como por ejemplo, las apelaciones a la "Patria Grande".
Con Vázquez, en cambio, tienen más diferencias, aunque debe anotarse que lo apoyaron hasta el exceso en su marcha hacia el poder, pero luego se distanciaron de él durante la pugna por la planta de celulosa y el bloqueo del puente. La amistad se tornó rencor al punto en que el día que asumió su cargo, Cristina Kirchner le espetó reproches a Vázquez en su propia cara en el discurso que pronunció en el Congreso argentino. Tras la salida de escena de Vázquez, las simpatías de Mujica con la pareja presidencial argentina facilitaron que se levantara el bloqueo del puente y se fueran los piqueteros.
Es posible que desde entonces Vázquez se haya quedado con la sangre en el ojo. Por esa razón, cabe preguntarse si su relación con Binner, así como su revelación sobre el pedido de ayuda a Bush para contener a Argentina, son maneras indirectas de vengarse de los Kirchner. Si así fuera, la preocupación de Fernández Huidobro estaría más que justificada.