Una pulseada de final incierto

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por Martín Aguirre

El tema excede en mucho un simple debate educativo. La lucha descarnada que se vive por estas horas en la Enseñanza puede ser vista con una óptica más amplia. Se trata de un capítulo más, tal vez el definitivo, de la batalla política entre los sectores con una visión más pragmática, si se quiere más actualizada y muy mayoritarios en el país, y los grupos radicales y profundamente ideologizados que se han hecho fuertes en las corporaciones públicas y gremiales. Del resultado de esta lucha dependen varias cosas importantes. Desde la posibilidad de que se puedan implementar acuerdos interpartidarios para encarar reformas que a toda luz el país precisa, hasta un viraje trascendente en la estructura de poder del Frente Amplio.

Todo empezó de manera casi inocente. Un plan piloto que busca, a través de una descentralización en la implementación de las políticas educativas, dar a los liceos más independencia en su manejo curricular y de recursos. El plan "Promejora" no parecía destinado a generar mayores problemas. Había sido diseñado por técnicos cercanos al gobierno, su presupuesto fue votado en el Parlamento por los legisladores oficialistas, contaba con el visto bueno del Codicen y era apoyado por todos los partidos. Sin embargo a la hora de implementarlo, estalló la bomba.

El Consejo de Secundaria, se declaró en guerra contra el proyecto, y dijo que no lo aplicaría amparándose en su autonomía. En esta postura, contó con el apoyo de los sindicatos de la enseñanza, que acusaban a "Promejora" de ser una avanzada para implementar un sistema "a la chilena", donde los centros de estudio deberían competir por los recursos, generándose así "una educación para ricos y otra para pobres". Además acusaban al gobierno de que el plan era parte de los acuerdos con la oposición, los cuales, sostienen, son una injerencia del sistema político que avasalla su autonomía. En ese sentido, exigieron la renuncia del representante de la oposición en el Codicen, Daniel Corbo, a quien acusan de estar detrás del plan.

Resulta interesante ver las declaraciones de dirigentes del Partido Comunista, como Carlos Tutzó, que inmediatamente salió en defensa de los consejeros "rebeldes" de Secundaria y afirmó que "hay dos modelos: uno, el neoliberal que gobernó por 170 años, y otro el progresista. Es difícil que podamos acompañar alegremente una propuesta que hicieron los que gobernaron 170 años". Y resulta interesante porque contrasta en forma radical con las expresiones vertidas por varios importantes jerarcas oficialistas.

Por ejemplo el vicepresidente Astori, que defendió el proyecto, y dijo que "hay algunos actores del proceso educativo que todavía no asumieron cabal conciencia de que tenemos problemas". El ministro Ehrlich sostuvo que Promejora "es adecuado y razonable", y que preservar los acuerdos con la oposición "es una meta central para el gobierno". En la misma línea se expresaron dirigentes de otros sectores importantes del Frente Amplio, como el socialista Roque Arregui, o el senador de la Vertiente Artiguista Enrique Rubio.

Y también la oposición, donde destacaron las expresiones del presidente del Partido Independiente, Pablo Mieres, quien reclamó la destitución del Consejo de Secundaria por ser "solo representantes del sindicato", y del senador Larrañaga (principal impulsor de los acuerdos educativos con el gobierno) que dijo que "es fundamental que se respalde al Codicen para resolver la crisis".

El panorama queda así planteado en forma bastante clara. De un lado, y apoyando este tímido intento de reformas en Secundaria, se encuentra toda la oposición, y varios de los principales sectores del oficialismo. Del otro, los sindicatos de la enseñanza y el Partido Comunista. El gran tema es la postura que adopte el MPP, sector del presidente Mujica, donde las cosas no parecen estar nada claras. Dos de los tres consejeros de Secundaria pertenecen a ese grupo, lo mismo que el presidente del Codicen, José Seoane, que ofreció su renuncia ante la crisis desatada.

Si bien hay dirigentes del sector que han apoyado el camino dialoguista de Mujica, la estructura ha respaldado a los consejeros "rebeldes".

Nuevamente esta crisis deja en evidencia que hay una parte del gobierno, con fuerte peso en los gremios, que no está dispuesta a ceder un ápice en sus cotos de influencia, que ve todo cambio como una amenaza, y que mantiene una visión tan radical como alejada del sentir de la mayoría de la población. Por otro, hay un grupo mayoritario del oficialismo que se da cuenta que es urgente hacer algunos cambios para solucionar situaciones que la población no está dispuesta a tolerar mucho más tiempo, sin pasar severas cuentas políticas.

Por ahora el presidente Mujica parece inclinarse levemente en favor de estos últimos. La pregunta es qué tan profundo es ese compromiso, y cuáles pueden ser las consecuencias de llevarlo hasta el final.

La frase.

"Promejora ha sido adecuadamente discutido, recibió el apoyo de todos y entendemos que hay que llevarlo adelante". (Secretario de la Presidencia, Alberto Breccia)

La frase II.

"Un Codicen deslegitimado, desobedecido, claudicante, sería un mal instrumento para impulsar acuerdos con la oposición". (J. Larrañaga)

El dato.

Un grupo de personalidades, entre ellas varias afines al Frente Amplio, firmaron una carta donde apoyan los acuerdos para la educación y condenan las "visiones dogmáticas de grupos minoritarios".

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