Robos aquí, más cerca que en el norte

MATÍAS CASTRO

Es curioso como un robo puede ser visto de distintas formas, según el sitio en donde ocurra. En Argentina vemos mensualmente noticias de figuras del espectáculo que sufren robos, ya sea en su casa como en la calle. Generalmente la descripción que la prensa de la farándula hace de estos atracos es "otro famoso víctima de la inseguridad". Así ha ocurrido con figuras tan distintas como Jessica Cirio, Natalia Oreiro o Roberto Piazza.

Si atendemos a la manera en que se los presenta, veremos una notoria diferencia con la manera en que temas similares son tratados en Estados Unidos. Cuando por esta región del mundo se dice que un famoso sufre la inseguridad, se establece un vínculo directo entre su realidad, habitualmente lejana y perfecta, con la de la gente común y corriente. Tal como se cuentan las historias, viven el mismo problema de quienes los ven desde el otro lado de la pantalla o desde abajo del escenario. Eso quiebra algunas barreras de una forma bastante sorpresiva. Recordemos el caso de Piazza, que fue asaltado en su casa. La violencia con la que lo trataron era más o menos la misma que se puede percibir en las historias policiales de los informativos, la misma que teme cualquier vecino que da gran importancia a la crónica roja.

Sin embargo, las historias de asaltos a famosos en Estados Unidos nunca quiebran la distancia entre el mundo ideal de ellos y el cotidiano de su público. Es cierto que los ladrones hacen lo mismo en mansiones de Beverly Hills que en apartamentos humildes del Bronx, pero la forma en que son presentadas las anécdotas conserva las distancias.

Una mujer fue condenada a la cárcel por robar en la casa de la actriz Audrina Patridge. Un acosador fue condenado por meterse en los terrenos de Paris Hilton. Hay más casos y todos (o casi) muestran hechos feos, por decirles de algún modo, que ocurren en mansiones. Creo que detrás de esto hay cuestiones de idiosincrasia, y mañana lo veremos.

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