María Julia Pou
La atención de la salud en nuestro país antes de la creación del SNIS se había organizado a lo largo de muchos años, alrededor de tres principales formas de organización. La más antigua, desde la colonia, fue la solidaridad humana de Francisco Maciel que derivo en la fundación del Hospital de Caridad. Luego la Asistencia Pública y finalmente el MSP del cual surgió la actual ASSE.
El sistema de funcionamiento se organizó alrededor del Carnet de Asistencia, al que tenían acceso quienes no llegaran a determinados ingresos, representaba la solidaridad social que todos deseábamos y deseamos que fuera verdad: en materia de salud, la falta de recursos no podía ser obstáculo para la atención.
Uno de los problemas que esta prestación enfrentaba consistía en que muchas familias superaban el ingreso exigido para brindar la atención pero no lograban alcanzar el costo del mutualismo. La idea de establecer aranceles y distintas categorías de Carnet de Asistencia no prosperó y llevó a que mucha gente faltara a la verdad en la declaración de ingresos para lograr la atención. Salud Pública llegó a tener la carga de centenares de miles de usuarios a quienes no les correspondía la prestación.
El mutualismo se desarrolló de modo ejemplar sobreviviendo a las distintas crisis que algunos gobiernos le impusieron. Se trataba de un mecanismo hábil para lograr su objetivo, que seguramente necesitaba de algunas reformas.
El Fondo Nacional de Recursos surgió del Mutualismo y representó otra expresión de la solidaridad nacional. Los servicios de salud por ramas de actividad tenían la enorme virtud básica de haber surgido del acuerdo entre patrones y obreros y de ser administrados por ambos, suministrando prestaciones muy por encima de lo habitual.
La leyes que crearon el SINS y el correspondiente Fondo Nacional de Salud partieron del equivocado supuesto fundacional que ha aquejado a varias acciones de nuestro gobierno. La creencia de que se innovaba en forma absoluta derivó hacia la eliminación de todo este mecanismo que describimos y que reiteramos, seguramente necesitaba ajustes pero a partir de reconocer sus virtudes.
Las sociedades evolucionan construyendo una generación sobre lo que la otra logró, en el natural encadenamiento de gobiernos, cada uno haciendo lo que puede en su momento de ejercicio del poder. Hoy nos encontramos con que ASSE con 300.000 usuarios menos y con millones de pesos de asistencia ha empeorado sus servicios. Demoras, muertes, malos salarios, emigración de técnicos, forman parte de su retrato en el tiempo que corre. A quienes entusiasmaron diciéndoles que podían ir a las mutualistas, no les explicaron que había que pagar tickets para los especialistas, remedios, a cada paso durante los padecimientos que implica obtener salud.
A las mutualistas, las antiguas cuotas hoy llamadas `cápitas` no les cubren los costos, situación que sabemos en qué deriva. ¿Estamos a tiempo para reflexionar acerca de este tema? ¿Hay voluntad de hacerlo? En esta materia hay un viejo dicho de enorme validez en este asunto "si no está roto no lo arregles".