Más allá de unirnos a la protesta por el injusto rótulo de "paraíso fiscal" que nos impuso Nicolás Sarkozy, nos resulta inaceptable que nuestra cancillería no tuviera la menor idea de lo que se gestaba en contra nuestra.
En vez de esperar a que los hechos detonaran para rasgarse las vestiduras, bien pudo el gobierno del Frente Amplio tomar medidas para salir rápidamente de la "lista negra" de OCDE adonde nos incluyeron en la época de Tabaré Vázquez.
La forma de salir era firmar 12 acuerdos de intercambio de información con otros tantos países, pero fallamos. Podía preverse que en la reunión del G 20, en donde gravitan los miembros de OCDE, el asunto saliera a relucir.
Al parecer, nadie lo advirtió ni le avisó al gobierno, lo que desnuda el despiste de nuestro servicio exterior. Tan es así que José Mujica acaba de regresar de un viaje a Europa en donde, de haber sido informado a tiempo, hubiera podido dialogar sobre el tema -y tal vez evitar males mayores-, por ejemplo en Alemania, calificado integrante del G 20, con cuyas autoridades estuvo el mes pasado.
Es obvio que nuestro déficit en materia diplomática no se arregla sólo llamando en consulta al embajador en París, quien dicho sea de paso demostró no tener la menor idea de la ingrata sorpresa que nos reservaba el presidente francés. Ilustres embajadores en Francia tuvo Uruguay en el pasado con una capacidad de acceso al gobierno galo y un grado tal de información que hubieran tornado inconcebible una imprevista condena pública a nuestro país como la que acaba de ocurrir.
Mientras la cancillería no sea más profesional y menos politizada seguiremos expuestos a atravesar por trances tan amargos como el del G 20.