Ministros y asesores

REBAR

Amigos son los amigos. Así debió pensar Liam Fox cuando, en ejercicio del Ministerio de Defensa Nacional británico, acudió a Adam Warriett para que lo asesorara en ciertos aspectos de su función que no dominaba totalmente. Y Adam aceptó gustoso, aunque el cargo no sería oficial y, por lo tanto, no recibiría remuneración alguna por su colaboración como consejero ministerial. Es que, cómo podía negarse a tan patriótica solicitud de su amigo de años, vínculo afectuoso forjado entre la juventud de Adam (24 años al presente) y la madurez de Liam (hoy, 50). Era tanto lo que compartieron, que Adam fue padrino de piso y compañero de boda (¡perdón! me traicionó el maldito Freud... porque las cosas eran al revés; debí decir, compañero de piso y padrino de boda). Aclarado.

Fox recurrió a Adam sospechando que, en cualquier momento, Liechtenstein podría declarar la guerra a Inglaterra y, en la eventualidad, ésta tendría que pedir ayuda a las naciones amigas, tal vez Estados Unidos. Temía que el día que el principado de 30.000 habitantes de ascendencia mayoritariamente alemana, descubriera que Scotland Yard -luego de pacientes investigaciones, lo hubiese ubicado en el mapa de Europa- se lanzaría a vengarse de esa revelación con un ataque aéreo a Londres, que avergonzaría a la mismísima Luftwaffe de los años 40. El Ministro de Defensa, evidentemente, quería estar preparado para esa emergencia: y para ello, pidió asesoramiento a su amigo del alma(de repente, también lo era del cuerpo) que sabía un disparate de armas de todo calibre; además, Warriett disponía de un servicio de agentes secretos, que se puso a operar eficientemente y, en pocos días, informó que Liechtenstein contaba con cinco helicópteros, y un considerable arsenal de hondas de variadísimo alcance, que podían disparar miles y miles de bolitas y bochones, capaces de reducir al Big-Ben al tamaño de un reloj pulsera. El potencial aéreo del posible agresor, se completaba con nubes de mosquitos que taparían el espacio, desorientando a la RAF. A todo esto, gente de Downing Street 10 y pico, registraba las reuniones privadas que realizaba el binomio en el despacho ministerial (22) y la suma de sus viajes privadísimos, que ascendía a 18. Marcados hombre a hombre (es un decir) se comprobó que Adam -el asesor honorario- "volaba" con pasajes donados por diversas empresas privadas, en tanto que sus hospedajes con el ilustre acompañante eran abonados por los contribuyentes. Existía, por otra parte, una cuenta bancaria de 232.000 dólares, a nombre de Pargay, una organización sin fines de lucro fundada a la vuelta de Sri Lanka por el colaborador no oficial. Por esa zoncera, Liam Fox se sintió obligado a renunciar ante el primer ministro David Cameron que, sin piedad alguna, le aceptó la dimisión. ¿Tienen ustedes noticias de que alguna vez se haya cometido otra injusticia semejante?

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