Gustavo Penadés
Nos encontramos con que el liceo Bauzá, y su directora, la Prof. Graciela Bianchi, volvieron a ser noticia a partir de la divulgación de un video. El mismo fue ampliamente difundido en las redes sociales por el propio director del Ministerio de Educación y Cultura. Luego de que fuera conocido el mismo, se comenzó a tachar a Bianchi de autoritaria. En tal sentido, la consejera del Codicen, Nora Castro, declaró a Brecha que "hay una apelación a un tipo de relacionamiento disciplinar, vertical y jerárquico" y que existe "una asimetría de derechos, porque no se le reconoce el derecho de la estudiante a tutear a la directora, pero la persona adulta hace uso de ese lenguaje". La subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura criticó al director pero aprovechó para cuestionar fuertemente la actuación de la profesora.
Si retrocedemos dos semanas, podremos recordar como el señor ministro del Interior se enojó con la citada directora procediendo a denunciarla en el Codicen. Según lo declarado por el jerarca, se habría destratado a unos policías, lo que ameritó a que se retirase a los efectivos que, excepcionalmente, se habían destinado al liceo a partir del ultimátum de que cerraría el centro de estudio si no se aseguraba un mínimo de seguridad.
¿Qué es lo que está subyaciendo ante las actitudes y consideraciones de esos gobernantes?
La obvia respuesta es que la directora del Bauzá molesta. ¿Por qué molesta? Molesta por que es una voz del Frente Amplio que se anima a criticar lo que el Frente Amplio está haciendo en la Educación, y ante ello, la reacción de los jerarcas y de sus grupos es, como cabría esperar, abroquelarse para defender sus posiciones.
Queda claro entonces, que el centro de preocupación no son los niños y los jóvenes, sino los espacios de poder que manejan los distintos grupos políticos y gremiales. De otra manera no se entiende que las autoridades de gobierno critiquen a la directora por ser mediática pero no tengan en cuenta el contenido de sus apariciones. O sea: critican que la directora critique públicamente pero no se pronuncian sobre el contenido de las críticas. Naturalmente, no se encuentran en condiciones de desmentir a la docente ya que lo que dice es, en definitiva lo que todo el Uruguay conoce y sufre.
Estos episodios sirven para demostrar a la ciudadanía la doble moral del Frente Amplio. Mientras que a la directora se la califica de autoritaria por gritarle a un alumno, por otro lado se atenta contra dos plebiscitos. Se defienden de su autoritarismo aduciendo que el valor Justicia está primero. Las doctrinas y las personas podrán afirmar que para cada uno podrá o no estar primero el valor Justicia, pero el Frente Amplio no tiene el derecho de enmendarle la plana al pueblo aduciendo que ese pueblo está equivocado. Lo que ni los militares hicieron en 1980 lo hacen hoy los legisladores del Frente.
La construcción de instituciones sólidas y confiables le llevó al Uruguay muchos años de luchas, sufrimiento y trabajo. El FA viene derrochando a manos llenas ese capital que era el rasgo distintivo de nuestro Uruguay. El Partido Nacional debe ganar para poner freno a tal derroche.