Debe haber un punto

JAVIER GARCÍA

Mujica está convencido que la Suprema Corte de Justicia declarará la inconstitucionalidad de la anulación de la ley de Caducidad y la imprescriptibilidad. Por ello cumplió con los sectores más radicales de su partido avalando la ley que se votó y no buscó otro Semproni, sabiendo que el pastel lo arreglará la SCJ en unos meses. Ya no será cosa de él y estos sectores no podrán acusarlo de no jugársela.

Le importa más la paz interna en el FA que el costo político por no cumplir con su palabra de respetar los plebiscitos. Este es el centro real de toda esta movida, pero la pelota empezó a rodar y nuevamente el tema de la dictadura, las citaciones, los resentimientos y denuncias de todos contra todos empujarán nuevamente el tema a los primeros planos, incluso la decisión de la SCJ cuando suceda, que sucederá en el sentido anunciado, generará frustraciones y polémicas.

Mujica comenzó su gestión dando señales fuertes en el sentido de liderar la superación del pasado. Podía hacerlo como nadie por haber sido protagonista de aquella época y tener la autoridad en el seno del FA para que nadie le discutiera estar a favor de la "impunidad". ¿Quién lo podía acusar de ello, con qué autoridad? Intentó hacerlo, pero al final no se animó. Por la mente de muchos surgió la figura de un Mandela, que a partir de su peripecia vital convenció a los suyos de dar vuelta la página y unió a Sudáfrica, como recordó nuestro amigo el diputado Pablo Iturralde esta semana. Pero Mandela hay pocos, y por aquí no llegó. A Mujica no le dio el naipe y perdió la oportunidad histórica de liderar y cerrar esta etapa usando su propia historia. Esto no acontecerá, como él cree, por la biología, cuando no estén los que se enfrentaron, será fruto de la política y para ello se requiere liderazgo y no pensar en los costos.

Dentro del FA hay sectores que solo justifican su existencia si este tema, mal llamado de los derechos humanos, sigue arriba de la mesa. El conocimiento de la verdad es algo que golpea el corazón de muchas familias y hay que comprenderlo y respetarlo, pero lamentablemente para muchos políticos y sectores del FA lo único que interesa de esto es la bandera política y no la angustia de los familiares. Por eso apenas aparecieron restos humanos en un batallón empezaron a hacer política menor y bastardear el tema. Las sociedades llega un momento que piden no olvidar pero sí superar ese pasado trágico y no lo hacen por ser insensibles ni por socios de la "impunidad" como, revolcándose en el barro, acusó el senador Lorier, que reivindicó esta semana el apoyo del Partido Comunista al golpe de Estado de los militares en Boiso Lanza. Los uruguayos empiezan a exigir que el país mire para adelante y ojean con sorpresa como se reavivan discusiones que creían laudadas.

El peligro es que hacer política con este tema lo termina degradando. Salvo para los militantes más duros la sesión de las cámaras de esta semana no tuvo mayor atención, y eso es un dato no menor.

Por eso, con mucho respeto y también con convicción, de una buena vez se requiere empezar a transitar un punto final. Sé que puede ser duro, pero es imprescindible.

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