Arte de contar

Ruben Loza Aguerrebere

Un escritor, al revés que quien no tiene inclinaciones literarias, carece de una perspectiva fijada de antemano y mira sin ver, observa sin querer y hasta recuerda instancias destinadas al olvido.

Ese mirar errabundo le permite encontrar sus historias, las que acaban en libros. Libros que en su esencia son semejantes, porque como bien decía Ernesto Sábato, los escritores verdaderos escriben siempre el mismo libro, cambiando la anécdota. Pensemos en Borges, pensemos en García Márquez.

Por estas razones, en los autores de cuentos como los Premios Nobel Hemingway y William Faulkner, o, más cercanamente, como Bioy Casares o nuestro Onetti (al que tan agudamente analiza Vargas Llosa en su libro "El viaje a la ficción") sobreviven porque son artistas ejemplares en cuentos que, en lo hondo, tratan de las mismas relaciones del hombre y su alma.

Esto es el sello indeleble de cada uno de ellos y, por eso, el buen lector, con los ojos cubiertos, sabe cuál es uno y cuál el otro.

Lo mismo sucede con otro de los grandes pilares del cuento norteamericano (porque de ella escribo, aunque estos autores también frecuentaron las novelas), y me refiero a Herman Melville, fallecido hace precisamente 120 años, y del cual acaba de editarse su libro "Cuentos completos" (RHM). Una bienvenida obra en la que el lector podrá descubrir varias de las claves que vertebran la obra esencial de Melville, de la misma manera que percibirá la deuda que la posteridad no ha saldado con el autor de estos relatos, sí, en cambio, con su novela "Moby Dick", y cuyas esencias se perciben en estos diecinueve cuentos casi desconocidos.

Nacido en 1819, en su juventud tuvo un activo quehacer como marinero. Convertido en escritor, va redactando estos relatos que permiten al lector advertir los intereses artísticos del escritor americano y ver cómo despliega el abanico de sus ideas en cada relato, que no son parejos.

Algunos de ellos muestran sus experimentos literarios; en ellos pasa de la estructura de una historia en base a diálogos, a otras en primera persona, o bien limitándose a narrar una serie de hechos.

Pero cualquiera sea la estructura literaria, el personaje y la historia quedan unidos estrechamente. Vida y ficción, en sus historias, se dan la mano hasta confraternizar. No todas las historias son complejas, no todas son iguales en cuanto a su intensidad, y, en algunos cuentos hasta se muestra inhábil. Pero el libro, en su totalidad, resulta hondo, meditativo y tan simbólico como en su obra mayor.

NOVEDADES EDITORIALES. El libro de Allan Percy tiene un título llamativo: "El coaching de Oscar Wilde" (RHB/Debolsillo), y, en consecuencia, alude directamente al escritor y dramaturgo Oscar Wilde, notorio, además, por sus celebrados pensamientos brevísimos e ingeniosos. Aquí, el autor se propone que el lector aprecie, en las 99 sentencias que expone, que ellas sirven como guía para el buen vivir.

Porque todo ser humano, como diría Oscar Wilde, "cuenta con los ingredientes necesarios para ser feliz, aunque no se dé cuenta".

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