Fracaso admitido

PABLO DA SILVEIRA

En una entrevista concedida a este diario, el ministro de Desarrollo Social Daniel Olesker propuso una teoría que, de ser cierta, debería conducir a la renuncia de las autoridades de la enseñanza y al cierre del Ministerio que él dirige. Según Olesker, la existencia de 40.000 jóvenes que no estudian ni trabajan es el resultado del "neoliberalismo de los 90, que fragmentó mucho a la sociedad y redujo la provisión de servicios públicos". Todos esos jóvenes agregó, nacieron "en el medio del neoliberalismo fragmentado".

Hay muchas maneras posibles de responderle al ministro. Una de ellas consistiría en hacer notar la ya caricaturesca compulsión de la izquierda a eludir toda responsabilidad propia por la vía de atribuírsela a terceros. Cuando el culpable no es el neoliberalismo, es la globalización. Cuando no es la globalización, es la dictadura que terminó hace un cuarto de siglo. No importa cuán inverosímil sea el culpable. Lo importante es escapar a cualquier intento de autocrítica.

Las palabras de Olesker también podrían ser respondidas por la vía de mostrar que nunca hubo políticas neoliberales en Uruguay. Ni en materia social ni en materia económica hubo nada parecido a lo que ocurrió en Chile, en Nueva Zelanda o en cualquier otro país que haya aplicado fuertes políticas liberalizadoras. Aunque se pretenda olvidarlo, el hecho es que aquí nunca se llegó a vender una empresa pública y apenas se debilitó algún monopolio. En Uruguay nunca hubo neoliberalismo. Lo que hubo mayormente fue socialdemocracia sin dinero.

Pero, en lugar de responder de ese modo, asumamos por un momento que Olesker tenga razón. Supongamos que en este país efectivamente se aplicaron políticas neoliberales hasta la llegada del Frente Amplio al gobierno en el año 2005.

Consideremos ahora a un chico de 15 años que acaba de dejar los estudios. (El caso es frecuente, porque a esa edad empieza la gran deserción). Ese chico nació, digamos en, marzo de 1996. Esto significa que, cuando Tabaré Vázquez asumió la presidencia en marzo de 2005, estaba por cumplir 9 años de edad y se aprestaba a iniciar cuarto año de escuela. Supongamos además que este chico empezó a ser escolarizado a los 5 años de edad, porque la generalización de la formación pre-primaria no fue un logro del Frente Amplio sino de los gobiernos anteriores.

Para que la interpretación de Olesker sea aceptable, los ocho años de vida y los cuatro de educación cumplidos en el "Uruguay neoliberal" deberían haber dejado efectos tan destructivos y tan indelebles que no pudieron ser neutralizados por los siete años de vida y de estudio cumplidos bajo gobiernos progresistas. Esto a pesar del enorme aumento en los recursos volcados a la educación y de las muy costosas políticas sociales que complementaron la política educativa.

Para defender su teoría, Olesker debería sostener que lo que él llama neoliberalismo tiene un poder casi invencible (¡qué esperar de un chico que tenía 12 años cuando asumió Vázquez!), o bien debería aceptar que en todos estos años se ha venido gastando dinero en políticas ineficientes.

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