V. RUGGIERO / D. ROJAS
Con 12 años, Daniela se quedó sin madre y sin padre. Ella está muerta y él preso. Hoy vive con su hermana en una humilde vivienda en el Cerro. Enfrenta sus confusos sentimientos y el desamparo que viven los huérfanos por violencia doméstica.
Daniela vio como su padre acuchilló a su madre. De golpe, los perdió a los dos. Y guardó para siempre imágenes y gritos de ese 30 de septiembre del 2008.
Esa no fue la primera vez que hubo violencia en su casa. Ya antes su madre había recibido varios golpes. Había hecho la denuncia en más de una oportunidad, pero solo una vez lo detuvieron algunas horas, a pesar de que ya había estado procesado por homicidio.
Cuando quedó huérfana, Daniela vivió un tiempo con su abuela. Ahora está instalada en la casa de Lorena, su media hermana de 23 años. Allí convive además, con su cuñado y su sobrina de 4 años. Cursa segundo año en el liceo número 11 y quiere ser médica forense, aunque reconoce que no le gusta estudiar y que su meta a corto plazo es comenzar a trabajar.
La adolescente tiene una mirada desconfiada y habla poco. Cuando se refiere a su madre baja el tono de voz. "La extraño", afirma y mira el piso. De su padre tuvo noticias hace algunos meses; le escribió una carta desde la cárcel.
"Me la dio una vecina a escondidas de mi hermana. Me dio curiosidad saber qué decía y la abrí", comentó y tras una breve pausa agregó: "Ponía que estaba arrepentido, que me quería y decía que no me deje mandar por nadie".
Lorena tiene la tenencia de la adolescente y está tramitando la patria potestad junto a profesionales de la ONG Somos, que fueron quienes apoyaron psicológicamente a Daniela después de la tragedia. "Nos dijeron que eso lleva mucho tiempo", indicó.
Las hermanas atraviesan una situación económica complicada ya que viven del sueldo del marido de Lorena (es militar) y una pensión que le otorgaron a Daniela.
Se alegraron mucho, según dicen, cuando se enteraron que "está por salir un proyecto de ley que plantea una pensión" a los huérfanos por la violencia intrafamiliar.
DIFÍCIL. Sonia (71) tiene a su cargo, desde el año 2002 a su nieta, también huérfana. Al igual que Lorena y Daniela, dice que celebró el proyecto de ley que prevé una pensión para ellos y reconoció estar preocupada por lo difícil que se le hace mantenerla y educarla.
La niña recibe $ 3.000 mensuales de pensión y la mujer cobra una jubilación de $ 4.500. El dinero, dice, es absolutamente insuficiente para mantener el hogar y hacer frente a la educación y necesidades de una adolescente de 13 años.
"La mandaba al inglés, pero tuve que sacarla porque no podía hacer frente a la cuota, los exámenes y los libros. También tuve que sacarla de ballet que le encantaba", contó afligida.
La hija de Sonia fue asesinada por su esposo en una plaza de Río Negro, frente a su casa, donde estaban sus dos hijos: uno de 12 años que era de una pareja anterior y una chiquita de cuatro que era hija de ambos. El hombre se suicidó en la misma plaza minutos después. "Ellos vieron porque escucharon las detonaciones y salieron", comentó Sonia.
El niño vive con la familia del padre y la pequeña se quedó con la abuela. "Los primeros años fueron horribles, porque se despertaba con pesadillas y todas las noches dormía abrazándome. En la escuela también sufrió mucho, sobre todo cuando llegaba el día de la madre o el día del niño y todos les hacen regalos", relató la mujer.
Con el paso del tiempo, la terapia con profesionales fue ayudando a la niña. Hoy va al liceo y, según su abuela, obtiene buenas calificaciones.
INICIATIVA. El proyecto de ley planteado por la diputada Daisy Tourné (Frente Amplio) y adoptado como propio por el Poder Ejecutivo que lo remitió, prevé una pensión para huérfanos por violencia doméstica y obtuvo la semana anterior media sanción de Diputados. Ahora pasará al Senado.
La iniciativa prevé determinadas prestaciones para los hijos menores y los mayores discapacitados de personas muertas en hechos de violencia doméstica. Establece que "quien detente la tenencia legal del huérfano" recibirá y administrará una pensión de $ 4.268. El beneficiario también recibirá una asignación de $ 865 que se depositará en una cuenta en el Banco República a su nombre. Si la persona está cursando enseñanza media o superior, o padece una incapacidad física o síquica, esta asignación ascenderá a $ 1.168.
De aprobarse, las prestaciones deberán solicitarse dentro de los 180 días posteriores al fallecimiento de la víctima pero el texto aclara que "contempla los casos de muertes a anteriores a su entrada en vigencia".
Según el Ministerio del Interior entre ocho y 14 niños quedan huérfanos por año a causa de este delito. Aunque son muchos -entre 2001 y 2010 fallecieron 302 mujeres por esta causa- es difícil ubicarlos ya que organizaciones que trabajan el tema, como Mujeres de Negro que hizo movilizaciones específicas, dicen no tener contacto con ellos. (Producción: D. Friedmann).
DUELO Y MUCHO APOYO
La ONG El Faro atendió en los últimos años tres casos de huérfanos por violencia doméstica. Andrea Tuana, directora de la institución, comentó a El País que son situaciones muy complejas y que tienen una primera etapa "durísima" para el niño y el familiar que se hace responsable. "Hay que hacer un duelo y asimilar muchas cosas inexplicables. Es algo muy difícil para un niño. Al adulto, se le suma el tener que hacer frente a una situación careciendo, muchas veces, de los recursos económicos necesarios. Por eso me parece que este proyecto de ley para huérfanos por violencia doméstica es más que importante", opinó.
La ONG Somos trabaja con niños y adolescentes víctimas de violencia o abuso sexual. Muchos de los casos que han tratado son de huérfanos por violencia doméstica. Los chicos son derivados allí de otras organizaciones o simplemente son llevados por su familia.
Antes de comenzar el tratamiento el niño debe tener una entrevista. Una vez que están todos los datos se le plantea el caso al equipo técnico que define el proceso terapéutico. "Nosotros trabajamos mucho con el dibujo y la pintura. Hay niños que se expresan con facilidad pero otros no, entonces son técnicas que les permiten expresarse pero de una manera más inconsciente", explicó Ximena Hernández, psicóloga de esa organización, que también destacó la importancia del proyecto de ley para huérfanos por violencia de género.
El tratamiento dura un año, pero se puede solicitar una prórroga de seis meses. "Hay chiquilines que en seis meses ya están bien y hay otros que necesitan mucho tiempo porque no bajan sus síntomas o porque las cosas se complican. Nos pasó de estar tratando a niños por abuso y en medio del tratamiento muere su madre por violencia doméstica", afirmó.
Entre enero y abril de este año fueron recibidas 5.679 denuncias de violencia doméstica en todo el país, mientras que en igual período del año anterior fueron 5.586 (aumentó 1,7%).