Lo esencial, rifado

Leonardo Guzmán

En el liceo, tuve un compañero cuya gracia era entrar a una ferretería, pedir un kilo de pulpa y sorprenderse cuando le respondían que allí no había. Repetía el esquema -hoy diríamos algoritmo- para que la misma pavada produjera siempre el mismo efecto. Naturalmente, de ese juego nunca logró nada.

En Facultad, tuve otro compañero que daba exámenes todos los meses. Calculando probabilidades, se rifaba la mitad del programa. Adaptaba a los bolilleros la táctica de atacar en pinza que en la segunda Guerra Mundial aplicó el mariscal de Stalin; y por ende, a esa timba la llamaba "técnica Rokossovski". Desde luego, su carrera capotó.

El primero iba adrede a buscar donde no había. El segundo excluia adrede lo que hacía falta. Los dos malgastaban su tiempo, pero parece que estaban predestinados a convertirse en modelos de gestión pública -hoy decimos paradigma. Véase.

En un país donde, desde hace años, los números confirman la penuria educativa que todos palpamos, el gobierno arma debate, vota ley y promueve consenso educacional… y cuando los hechos vuelven a responderle "aquí no hay", acuerda que el Senado reciba en comisión general al ministro de Educación y Cultura, Dr. Ricardo Ehrlich. Del torneo salimos con 45 propuestas que todos dicen que no son nuevas, con una declaración que chocó con la grita gremial por la autonomía y con la certeza de que el ministro tiene tantas facultades para imponer reformas como kilos de pulpa se venden en las ferreterías.

Y hay más. En un pueblo que necesita profundizar conceptos para vitalizarse -de la Administración a la salud, del Derecho a la producción granjera- y que debe restablecer el sentimiento de la historia como fuente de grandeza y libertad, se desarma el tránsito capitalino para montar tablados con artistas respetados y con degradaciones impías. ¿A nadie se le ocurrió que con los millones allí gastados, pudo y debió haberse plasmado una campaña de cultura cívica o de educación masiva, convocando al espíritu hacia lo alto en vez de hacer aplaudir canciones donde Artigas se emborracha y a los vencidos les da whisky en vez de clemencia? Por mucho que el PBI haya crecido y por mucho que haya islas de excelencia que unos cuantos tratamos de defender, salta a la vista que del programa de desarrollo de la personalidad que es la educación en serio… seguimos rifándonos la mitad.

Entre la bullanga, el lunes el presidente Mujica evocó la inspiración de sus antiguos profesores y dijo, serio, que a la enseñanza le falta no sólo aulas sino carisma. Insinuó que las cuestiones en juego son de filosofía de vida más que de técnica curricular y son de certeza en los valores a transmitir más que de pactos programáticos. Ojalá siga en ese trillo: como en los carnés, anotamos: "Puede mejorar".

Reina Reyes se preguntaba -40 años atrás- para qué sociedad educamos. Hoy debemos contestarnos qué clase de hombre queremos criar.

Y sólo con esa respuesta aclarada desde una filosofía abierta y no una ideología dogmática, habremos de levantar el edificio intelectual y espiritual que deberá reemplazar los escombros de hoy.

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