Todos piden. Y lo que reclaman, lo quieren ya. Piden los trabajadores de la Salud Pública. Piden y hacen huelga por tiempo indeterminado. Piden y, mientras obtienen lo que quieren, dejar a los que menos tienen sin acceso a algunos servicios básicos. No aceptan que se les diga que no hay recursos. Tienen fuerza. Han tomado de rehenes a miles y miles de usuarios, y no tienen empacho en seguirlo haciendo.
Piden los transportistas. Piden y hacen un paro que deja a los que no tienen transporte propio a pie, en las paradas. Tienen fuerza. Han tomado de rehenes a miles y miles de trabajadores, de estudiantes y de jubilados, muchos de los cuales no pueden trasladarse sin un ómnibus. Las empresas les explican que no hay recursos para pagarles lo que demandan. Pero a ellos no les importa. Exigen que se aumente el boleto. Es decir, que muchos que tienen poco paguen más para que algunos obtengan por la vía de la lucha el salario que les gustaría ganar.
Piden los trabajadores de Pluna. No aceptan que la empresa para la que trabajan despida a un funcionario sindicalizado. Para ellos hay trabajadores clase A (sindicalizados, lo que equivale a "intocables") y clase B (el resto, a los que cualquiera podría despedir sin más). La empresa, como cualquier empresa, reafirma su derecho a decidir sobre su plantilla. Entonces el sindicato afecta los vuelos de quienes regresan a Uruguay después de sus vacaciones de primavera. Se sienten fuertes. Han tomado de rehenes a padres y abuelos que intentan regresar con los niños a su país, y que nada tienen que ver con todo esto.
Piden los trabajadores de la construcción. Piden y piden. Este mes verán incrementar sus remuneraciones en un 18%, unos diez puntos por encima de la inflación. El año pasado recibieron en octubre aumentos del 15%. Pero piden, y paran, y ocupan la obra de Montes del Plata. Se sienten fuertes. Su nueva dirección nacional responde al ala más radical del Partido Comunista y, por tanto, creen que la única lucha que se pierde es la que se abandona, y que hay que seguir reclamando.
Piden los metalúrgicos. Piden los del plástico. Piden los de los frigoríficos. Piden más y más. La izquierda, que alentó todas las demandas cuando era oposición, no tiene la fuerza para detener tanto desborde. Los sueldos suben y suben. Y suben más los de quienes más piden. Las empresas deben elegir: o ceden y pagan, o las ocupan.
¿No nos damos cuenta que este camino no nos lleva a nada bueno? ¿No vemos lo que está sucediendo en el mundo? ¿No advertimos que estamos dando, como país, señales preocupantes a los que piensa en invertir en Uruguay?
¿Qué va a pasar cuando la bonanza pase? ¿Tan rápido nos olvidamos de la crisis de 2002? ¿Qué van a hacer las empresas cuando ya no puedan pagar lo que les demandan los sindicatos y, a la vez, no se les permita despedir trabajadores que no necesitan?
Si seguimos así, ¿qué nos espera? Lo del título.
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