Ignacio de Posadas
El País (17/9) da cuenta de que autoridades de UTU la emprendieron contra una exdirectora por haber comentado que la homosexualidad "es una enfermedad". Ella sería madre de un homosexual. Los jerarcas fundan su interdicto con la funcionaria en el siguiente razonamiento (véase que son jerarcas responsables por la enseñanza pública):
1º) El Consejo cree que los jóvenes deben tener "la libertad absoluta de elegir lo que crean que es su opción de vida" en materia sexual.
2º) También cree que "dentro de la opción que tienen los jóvenes… existe la homosexualidad como otras opciones".
Vayamos por partes, como decía Jack.
1.- Si nuestro sistema educativo estatal opera sobre la concepción de que su misión es formar jóvenes con la creencia de que deben construir sus vidas sin otro criterio que la "libertad absoluta" estamos bien fregados. Educar significa "dirigir, encaminar" (Diccionario de la Real Academia).
Irónicamente, cuando pasan a analizar la conducta de la señora exdirectora, esas mismas autoridades no vacilan en condenarla por dar su opinión. En ese caso dicen: "la libertad tiene límites. Uno no puede expresar lo que quiere de cualquier forma".
¡Qué patético embrollo! No tienen la menor idea de lo que es la libertad, ni de lo que es la naturaleza y, ni hablemos, de una jerarquía básica de valores fundamentales. Para empezar, no hay libertades absolutas. Es cierto que "la libertad tiene límites", pero los tiene siempre y no son los que las jerarquías de UTU quieren aplicarle a la libertad de expresión de la señora ex-directora. Tiene límites en el derecho y esos límites tienen demarcaciones y consecuencias algo diferentes según de cuál derecho se trate.
Un campo de fronteras a la libertad está dado por el derecho positivo, lo que comúnmente llamamos la ley: es el concepto sajón de "liberty within the law". Mirada bajo esa luz, las declaraciones de la señora son un caso inobjetable del ejercicio de la libertad de expresión. No hay ley que prohíbe decir lo que dijo.
Tal parece que en la mente de sus censores de la UTU, hay otra ley, diferente a la escrita, que contiene sus propios límites y prohibiciones, por cuya transgresión es legítimo penar usando el poder público o el peso del Estado.
Yo también creo que hay otra ley, sobre la cual la humanidad en su conjunto ha ido desarrollándose -con caídas- y no es que el tema tenga interés en función de que yo crea en él. La enorme mayoría de los pensadores, de Platón a nuestros días, pasando por polos tan opuestos como Locke, Leibnitz y Marx, aceptan como válida la experiencia básica de que existe un orden natural: que uno mira alrededor y las cosas normalmente ocurren como suponemos que van a ocurrir, de donde inferimos reglas elementales para nuestra vida cotidiana. Eso, que desde los estoicos (por lo menos), se ha dado en llamar derecho natural, nos indica que la libertad no sólo está acotada por normas positivas (generalmente en exceso) sino que también debe ajustarse a la realidad natural.
Decirle a un niño o a un adolescente que puede y debe hacer lo que quiere, siempre, es un disparate. Peor, es arruinarle la vida. Una de las primeras cosas que padres y educadores deben enseñar a los niños es la existencia de límites y -verdad de a puño- que el ejercicio de la libertad siempre conlleva consecuencias.
Educar a una persona sobre principios como que es igual la heterosexualidad que la homosexualidad, es una irresponsabilidad. Del mismo tamaño que inducirla a equiparar el matrimonio con la prostitución o el egoísmo con el amor.
Como tampoco el mundo fue inventado hoy, quien sea ignorante de la historia, además de la naturaleza, no percibirá a dónde va a caer cuando se pierden los mojones: los límites a la libertad pasan a ser dados por el ejercicio del poder en manos de soberbios ignorantes.
Como en el caso de marras.