por Martín Aguirre
Tiene todos los ingredientes de una película de Hollywood. El muchachito humilde que logra fama y fortuna, los vínculos de amor y odio con el poder, el glamour pero también la sordidez del ambiente del fútbol, todo condimentado con denuncias de corrupción y la pasión desbordante que solo genera el deporte más popular del mundo. Esta es la sinopsis del conflicto que hoy monopoliza la agenda pública, y que amenaza impactar en la interna del gobierno. Un gobierno que se ha visto arrastrado por los hechos a un terreno resbaloso y ajeno.
"Yo hago un acto en la plaza Lafone y meto más gente que Tabaré Vázquez". Esa es una de las frases que se atribuyen al empresario Francisco "Paco" Casal, entre otras tan o más polémicas, como cuando dijo que era la persona más rica del Uruguay (pecado mortal en un país que condena el éxito más que ningún delito). Pero su comparación con el dirigente más popular del país, sirve para encuadrar la relación de permanente tirantez entre el contratista y el poder político.
Como todo empresario de relieve, Casal ha tenido vínculos con todos los sectores políticos. Los tuvo con el Partido Nacional (uno de sus operadores periodísticos, Atilio Garrido, es allegado al expresidente Lacalle), y con el Partido Colorado. Pero ha sido con el Frente Amplio con quien ha mostrado la mayor cercanía y los mayores enfrentamientos.
Al asumir Tabaré Vázquez el clima pareció no ser el mejor para Casal y su hegemonía en el fútbol. El ministro de Deporte, Héctor Lescano, sostenía que al deporte le hacía falta un lavado "con esponja de aluminio", y muchos vieron su mano detrás de los cambios de autoridades que ocurrieron en la AUF. Además en ese período recrudeció el choque de Casal con la DGI, que lo investigaba desde 2002 por una supuesta defraudación millonaria.
Todo pareció apaciguarse cuando en un evento vinculado al carnaval, contratista y Presidente posaron en una imagen que quedaría grabada en el imaginario popular. Un Casal exultante apoyando su mano de manera confiada, casi íntima, en la pierna de un Vázquez todo sonrisa. Pero a días de esa foto, el conflicto volvió a agravarse cuando Casal exigió ante la Justicia que la Impositiva definiera de una vez su situación tributaria. A partir de allí, el empresario logró una serie de victorias legales que pusieron en pausa sus choques con la DGI.
En ese marco sobrevino la última campaña electoral, en la que la cercanía a Mujica de figuras próximas al empresario, como el polémico "Pato Celeste", denunciada desde medios de prensa afines a la propia izquierda, alimentaron los rumores de apoyo explícito. Rumores que parecieron "blanquearse" cuando, a poco de asumir, Mujica realizó un exótico viaje a España con el contratista, en el que no tuvo contacto con autoridades oficiales ibéricas, pero sí posó con Casal, el presidente del Real Madrid y se trajo una camiseta de Cristiano Ronaldo.
En un entorno potenciado por los últimos triunfos de la selección, y el contacto fluido del mandatario con los jugadores, es que sobreviene este estallido en la pugna de la empresa de Casal con las nuevas autoridades del fútbol. Un estallido que ha impactado en la opinión pública, un ambiente que nunca ha sido propicio para el empresario. Su salida de tono frente al presidente de la AUF, Sebastián Bauzá, en un lugar público, y un dictamen de una oficina vinculada al Ministerio de Economía que parece ir en contra de sus pretensiones, han puesto al empresario en una situación de inusual debilidad. Todo lo cual parece haber dado alas a los sectores dentro del gobierno que nunca lo han visto con buenos ojos. Estos sectores, más vinculados al "astorismo", son los que han apoyado explícitamente a la AUF, incluso con un crédito del BROU que ha sido clave para dar oxígeno financiero a la entidad, y los que parecen haber presionado a Mujica para que finalmente recibiera a Bauzá, cuyo pedido de audiencia estaba en espera desde hace meses.
Todo esto vuelve a poner sobre el tapete la división que existe en el ambiente deportivo respecto a la figura de Casal. Por un lado hay un ejército de periodistas y operadores que trabajan para el empresario, y lo defienden de manera fervorosa, señalando que ha sido el revalorizador del fútbol uruguayo, alguien que ha generado riqueza impensable para muchos jugadores, y sin el cual este deporte habría muerto hace años. Otro núcleo lo acusa con similar fanatismo de ser el culpable de la decadencia del deporte local, de aprovecharse y fomentar la indigencia de los clubes, y de tener un monopolio que utiliza prácticas casi mafiosas para mantenerse en el poder.
Enturbiado por esta guerra a veces incomprensible para quienes no están en la interna, hay cosas que parecen claras. Por un lado la necesidad del país de contar con normas e institutos apropiados para defender la competencia y enfrentar los monopolios de todo tipo. En segundo lugar, que pese a las relaciones por momentos carnales, y por momentos de tirantez de los gobiernos con el grupo Casal, no parece que hubieran decisiones políticas que muestren una connivencia más allá de lo éticamente aceptable. Al menos por ahora.
Y por último, el hecho trascendente de que más allá de todo el fervor popular que genera, el fútbol sigue siendo privado. Un producto que es propiedad de los clubes del fútbol uruguayo, muchos de los cuales tienen un funcionamiento anacrónico, en el cual decisiones trascendentes son tomadas por minúsculas asambleas de socios, y en el que intereses millonarios y problemas de alta complejidad, son abordados desde el más absoluto amateurismo. Mientras esto siga así, habrá intereses que sabrán tomar ventaja de la situación, y será difícil esperar cambios demasiado profundos.
La frase.
"El fútbol profesional supongo que genera sus recursos. Yo quiero la guita para hacer plazas de deportes para los gurises pobres". (José Mujica)
La frase II
"Yo hago un acto en la plaza Lafone y convoco más gente que Tabaré Vázquez". (Francisco Casal)
El dato.
Tras seis años de investigación, la DGI denunció a Casal y su entorno por defraudación tributaria de unos US$ 20 millones, pero la Justicia lo declaró inocente.