Indigente se negó a ser atendido y murió en la Plaza Independencia

Polémica. Vecinos critican a la médica de Salud Pública que no lo internó

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GASTÓN PÉRGOLA

Un indigente murió el miércoles a la mañana en la Plaza Independencia, a metros de la Torre Ejecutiva. Su cuerpo estuvo tres horas "tirado" en la vía pública. Se negó a ser asistido horas antes de morir. Critican accionar de la doctora que lo asistió.

Luis Lemos tenía 62 años, y desde hacía 15 vivía en la calle, más precisamente en una de las esquinas que da a la Plaza Independencia, sobre la acera del Palacio Salvo. Tanto comerciantes como vecinos lo calificaron como una persona "tranquila, amable, respetuosa y sin vicios", que sin embargo, nunca quiso ir a un refugio.

Hacía feria, abría la puerta de los taxis, y oficiaba de mandadero de vecinos que le encomendaban compras. Pero desde hacía dos semanas comenzó a desmejorar. "Hace un tiempo venía como arrastrándose, dolorido, decía que vivía mareado, con náuseas. Se empezó a deteriorar mucho. Te dabas cuenta a la legua. Pero si era por él no pedía atención ni quería saber nada. Se quería quedar en la calle", contó a El País el guardia de seguridad de uno de los edificios contiguos a donde "vivía" Luis Lemos.

El miércoles 14, sobre las 8 de la mañana, el cuidacoches que trabaja en la zona llegó al lugar y se encontró a su amigo tirado sobre el cordón de la vereda, a la altura de la entrada al Palacio Salvo.

"Dejé todo de apuro para darle una mano. Estaba tirado, hecho pelota. Se paró como pudo, aunque se tambaleaba para todos lados. Dijo que no precisaba nada y fue al quiosco y compró una bebida. Todo muy lento. Y cuando se volvía tambaleó y cayó", narró Jorge sobre el estado del indigente.

Le intentaron hablar y que respondiera, pero solo atinaba a mover la cabeza, diciendo sí o no. Mientras el portero del Palacio Salvo intentó comunicarse sin éxito con Salud Pública (contó que llamó tres veces y le dijeron que debía llamar al 911) el cuidacoches se acercó hasta la Torre Ejecutiva y solicitó la colaboración de dos policías de Tránsito que estaban allí.

Estos se acercaron al lugar, constataron la situación y pidieron asistencia a la comisaría de la zona, al tiempo que solicitaron una ambulancia de ASSE (Administración de los Servicios de Salud del Estado). Sobre la hora 8:30 llegó al lugar el móvil policial y minutos más tarde la ambulancia.

Según fuentes policiales consultadas por El País el hombre, a pesar de su visible debilitamiento físico, se ofuscó al ver la presencia de efectivos y se negó a ir al hospital. Según testigos del hecho, la doctora se acercó al indigente y le consultó si quería ser trasladado a un centro de salud, pero Lemos respondió negativamente, por lo que la profesional le hizo firmar un documento que dejara constancia de su voluntad.

Esto indignó a varios de los presentes, que veían frente a sus ojos que Lemos iba a morir si no era atendido. Uno de los que increpó fue Jorge, el veterano cuidacoches del lugar.

"No podía creer lo que estaba viendo. Me acerqué y le increpé: `Doctora, si usted le da a elegir, este viejito se nos muere acá. Hace una semana que se viene arrastrando. Está muy mal. Tiene que atenderse sí o sí`. Pero la respuesta de la doctora fue que no lo podían llevar a la fuerza porque él, a pesar de todo, estaba lúcido y consciente, por lo que les podría hacer una demanda por privación de libertad. Yo le dije que era incapaz de hacerle una demanda a nadie y que por favor lo internara, porque si es por él, no va. Pero no hubo caso. Le hizo firmar un papel y se fue", contó con bronca el cuidacoches y amigo de la calle de Lemos. A las dos horas del hecho, el veterano indigente, que estaba sentado sobre unos escalones en la esquina donde dormía a diario, se fue deslizando hasta quedar casi acostado, orinado y defecado encima, con sangre en la boca. "Quedó mirando al cielo, con los ojos bien abiertos; se nos murió ahí, a la vista de todos, y nadie pudo hacer nada", expresó otro de los comerciantes del lugar. Eso ocurrió a las 11 de la mañana. Su cuerpo estuvo allí hasta las 14 horas.

INTERNACIÓN. Desde ASSE afirmaron a El País que en ningún momento se le negó asistencia al indigente y que fue él mismo quien dejó constancia de que no quería ser trasladado a un hospital. Además, aclararon que la ley de internación compulsiva (aprobada justamente en julio de este año para indigentes cuya vida corra riesgo) "queda, en definitiva, a criterio de la evaluación médica".

"Es el médico el único que tiene potestad para determinar si la persona está en sus cabales y por ende en base a eso decidir si se lo interna o no de forma compulsiva. En este caso se entendió que el hombre estaba lúcido y se le preguntó. Y este optó por no ser asistido", explicaron a El País fuentes de ASSE.

"Si no quiere ser internado se le hace firmar un papel donde deje constancia que fue responsabilidad expresa de la persona. Después podemos entrar en una cuestión filosófica sobre la vida y la muerte y la internación compulsiva. Pero quien tiene la última palabra de qué hacer con su cuerpo y qué no, es la propia persona afectada".

Esta explicación no convenció a los vecinos y comerciantes, que, con el paso de los años, mantuvieron una excelente relación con el indigente. "La doctora no puede hablar de lucidez, cuando se trata de una persona de 62 años, que vive en la calle, con todo lo que eso implica, y está en estado deplorable", remató un vecino. Desde el Mides aseguraron que existía pleno conocimiento de la situación de esta persona y que en más de una ocasión (como suelen hacer en casos similares) dieron cuenta a Salud Pública, para que tomara acciones. "Son los médicos los que determinan qué hacer sobre cada situación. Nosotros informamos", dijo Sebastián Pereira, del Mides.

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