Inolvidable concierto de la filarmónica de cámara

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Die Deutsche Kammer Philharmonie Bremen

Ficha

Concierto organizado por el Centro Cultural de Música. Director y solista: Christian Tetzlaff. En programa: "Concierto para violín N° 3 en sol mayor, K 216", de Mozart; "Noche transfigurada", de Schönberg; "Sinfonía N° 80 en re menor", de Haydn; y "Concierto para violín en mi menor, op. 64", de Mendelssohn. Sala: Teatro Solís, viernes 26.

La Orquesta Filarmónica Alemana de Bremen nos introdujo en el mundo del genio de Salzburgo a través de uno de los cinco grandes conciertos que fue escrito durante su visita a la ciudad de Múnich a finales de 1774. Mozart en este concierto es seducido por el estilo galante de la música francesa de la época a tal punto que trasmite emociones sin recurrir a despliegues virtuosísticos con una sencillez noble y profunda. El solista y director Christian Tetzlaff no solo demostró el verdadero equilibrio que tiene que haber entre sensibilidad y técnica, sino que supo trasladar su musicalidad a sus movimientos corporales y de esta forma ser una guía conductora para la orquesta.

En 1899 Schönberg escribe su obra Noche transfigurada para sexteto de cuerdas inspirada en la poesía Dos seres del escritor alemán Richard Dehmel. Años más tarde adaptó esa obra para orquesta de cuerdas, siendo esta la forma habitual como se ejecuta hoy en día. El compositor alude en algunos compases a los poemas sinfónicos Los preludios de Liszt y Muerte y transfiguración de Richard Strauss, como así también al cromatismo de Tristán e Isolda de Wagner. Por otro lado la forma inicial del sexteto aparece más vinculada a Brahms por su carácter intimista. Si bien este último se manifestó contrario a las obras de los llamados "Músicos del porvenir", los cuales eran liderados por Wagner, el autor logra conciliar ambas posiciones creando esta obra ecléctica. Esta partitura parece ser una antítesis de lo que años más tarde sería su creación de la teoría dodecafónica.

Tetzlaff aquí ocupa el lugar del concertino, dejando que la orquesta se dirigiera sola, hecho notabilísimo en una obra de tal envergadura. La riqueza de matices y el refinamiento que mostró la orquesta en los diferentes climas de la obra hizo que la devolución del público fuera frenética. Sería interesante que esta obra formara parte del repertorio de las orquestas uruguayas.

En 1784 Haydn compuso la Sinfonía nº 80, en la cual curiosamente introduce un "Landler", danza campesina que fuera el antecedente del vals vienés. También aparecen los toques de humor característicos de Papá Haydn -como lo llamaba cariñosamente Mozart- contrastando con el inicio en re menor, que parece anunciar una obra dramática. La versión de la Orquesta Filármonica Alemana de Bremen hizo confirmar una vez más la vigencia de Haydn en la música sinfónica, no en vano es el llamado "padre de la sinfonía". La riqueza tímbrica que se vislumbró, igualaba o hasta superaba a cualquier orquesta sinfónica, hecho que quiero destacar especialmente, ya que este conjunto se dirige a si mismo, careciendo de director estable. En los `scherzi` (bromas musicales) se contagiaba el placer vivaz de los instrumentistas jugando así con los sentidos del oyente.

REMATE. El Concierto para violín y orquesta en mi menor de Mendelssohn fue interpretado por primera vez el 13 de marzo de 1845 por el violinista Ferdinand David -a quien fue dedicada la obra- actuando la orquesta de Ge-wandhaus de Leipzig dirigida por el famoso compositor danés Niels Gade. Mendelssohn tardó mucho tiempo en finalizar esta obra, pues no se encontraba satisfecho con ella e incluso recurrió al propio intérprete para consultarlo acerca de las posibilidades técnicas de este instrumento.

El musicólogo Einstein sostiene que Mendelssohn era un romántico clasicista y en el concierto organizado por el Centro Cultural de Música quedó subrayada claramente aquella afirmación. Por un lado aparece la perfección de la forma y por el otro la pasión desenfrenada en la voz cantante del violín, interpretado magistralmente por el propio Tetzlaff. Si en Mozart pudo lucir su depurada destreza estilística, aquí finalmente mostró un virtuosismo acorde al temperamento que requiere esta obra y como siempre muy bien apuntalado por una orquesta, que no tocaba sino que vibraba en sintonía.

El público deliró hasta conseguir como bis el último movimiento de la Primera sinfonía de Beethoven, haciendo que la velada fuera realmente inolvidable.

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