Hernán Sorhuet Gelós
En materia de desarrollo, más temprano que tarde, Uruguay deberá decidir qué camino recorrerá.
La globalización nos alcanzó, y con ella arribaron a nuestras playas los primeros megaemprendimientos, tomándonos desprevenidos.
No sabemos de qué forma reaccionar frente a grandes proyectos que involucran inversiones millonarias, porque estamos advertidos de que ese no es el único parámetro a considerar.
Cuesta muchísimo abandonar la postura tradicional debido a que, desde siempre, la variable económica -dominada por la llegada de capitales- ha impuesto su deslumbrante atractivo.
El concepto de desarrollo sustentable -tan invocado por los tomadores de decisiones- llegó para ampliar el campo visual de los gobiernos locales y nacionales; y con ello gestionar mejor los recursos naturales, aumentar la producción y elevar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto.
Pero se trata de un cambio profundo de paradigma y como tal, requiere modificaciones conceptuales de fondo.
El eje del mismo es impulsar la conservación de la diversidad biológica, social y cultural de cada región. Por ello, las recetas no funcionan muy bien y "el traje debe hacerse a medida".
En este preciso momento Uruguay enfrenta el dilema de si debe abrirle las puertas a la gran minería a cielo abierto. La promesa de inversiones multimillonarias parece ser un bocado demasiado tentador para despreciar.
Pero nuestra llegada tardía a permitir emprendimientos que implican la remoción de gigantescos volúmenes de tierra, así como la construcción de un mineroducto y de un puerto oceánico, nos brinda la posibilidad de aprovechar la experiencia de otros países, y conocer de antemano los beneficios y perjuicios que se deben esperar.
Hablamos de una actualización de la estrategia productiva nacional, que debe incluir una revisación mucho más a fondo del marco jurídico regulatorio de estas actividades.
Lo cierto es que por ahora vivimos la ambigüedad de promovernos inteligentemente como "País Natural" y, al mismo tiempo, dudamos si autorizar actividades reñidas con la conservación.
Nadie discute que la realización de extracciones minerales como la que está a estudio del gobierno nacional, provocará enormes impactos ambientales y sociales. Una vez agotada la rentabilidad de la explotación la empresa se irá, y le dejará a los gobiernos locales un enorme pasivo ambiental. Serán problemas sin solución y costes imposibles de absorber, como ha sucedido en varios países de la región.
La flamante comisión multipartidaria creada para estudiar el tema, abre la posibilidad de que la decisión definitiva no se tome de manera apresurada, sin que haya antes instancias fundamentales de discusión, análisis y acuerdos, pensando en lo mejor para el país a largo plazo.
Estas son decisiones que impactarán a la sociedad uruguaya mucho más allá de las actuales administraciones, porque involucran recursos naturales que dejarán de ser renovables.