CLAUDIO FANTINI
Las batallas campales de Londres evocan los suburbios parisinos que ardieron como antorchas en 2005 y 2007. La comparación se ha vuelto común en el intento de entender la violencia social que sacude a la capital británica. Sucede que no se trata de protestas sino de enfrentamientos callejeros, saqueos y ataques incendiarios. Además, en los dos casos el detonante fue la muerte de jóvenes por disparos policiales, o bien en incidentes con policías en el medio.
Sin embargo, existen diferencias notables entre los edificios en llamas de Tottenham y aquellas ardientes barricadas de Villiers le Bel. Esa y otras ciudades satélites de París, están pobladas por hijos de musulmanes magrebíes que no se sienten árabes y norafricanos, como sus padres, pero tampoco pueden sentirse franceses porque naufragan en el sistema educativo y están afuera del sistema laboral. Fue una crisis de identidad social y cultural. Ese sentimiento de no pertenencia y el vacío de vivir sin perspectivas, hicieron combustión con la chispa de dos muertes juveniles.
Tottenham, equivalente londinense del Bronx neoyorquino, es un espacio de mixtura étnica y vulnerabilidad social, igual que Brixton y los demás suburbios por donde se expandió la violencia iniciada al norte de Londres. Y aunque la chispa también fue la muerte de un joven a manos de la policía, el componente principal de la combustión es el ajuste económico que produce la crisis.
Ni siquiera la presencia de los liberal-demócratas en el gobierno encabezado por los torys amortiguó el recorte de gasto social, que extinguió los centros comunitarios de la periferia londinense. Esa fue la gota que colmó el vaso.
De tal modo, si bien su modalidad es abiertamente delictiva, la violencia en Inglaterra está más emparentada con las protestas masivas que se están produciendo en Israel. A pesar de haber alcanzado una opulencia económica que contrasta con su humilde y sacrificado pasado, el Estado judío ha sido embarcado por el gobierno de Benjamín Netanyahu en un significativo recorte de las redes sociales que, desde los tiempos de David Ben Gurión, hicieron posible una de las sociedades más equitativas del mundo. El recorte de las estructuras de ayuda y contención, erigidas cuando el Partido Laborista aún se llamaba Mapai, generó las masivas manifestaciones de israelíes "indignados".
En Gran Bretaña, el desmantelamiento del Welfare State, sistema de bienestar social con que el capitalismo venció al comunismo, comenzó con Margaret Thatcher y John Major, pero se aceleró con la crisis que está carcomiendo económica y socialmente a Europa y los Estados Unidos. Los primeros estallidos que provocó el proceso ocurrieron en 1981 y 1985, precisamente en Tottenham y Brixton, los suburbios que han vuelto a encenderse como antorchas.