Falta gente

Gobierno y oposición han coincidido en que el país necesita, imperiosamente, encarar obras de infraestructura que a estas alturas resultan impostergables. Sin ellas, el desarrollo todo se vería severamente comprometido y el Uruguay perdería, en tiempos de inusual bonanza, una oportunidad que quizá tarde muchos años en volver a golpearnos la puerta.

No sin esfuerzo y tras aplacar algunas disidencias internas, el gobierno ha logrado -con votos de la oposición- aprobar la ley que abrirá la puerta a la participación público-privada, sin la cual los grandes proyectos de infraestructura que el país está pidiendo a gritos serían imposibles de encarar ya que el Estado, por sí solo, no dispone de los recursos para hacer frente a esa tarea. Se trata de una ley fundamental, cuyos efectos recién se verán con el tiempo, como sucedió en el país con La Ley de Puertos. Pero que, como ésta, transformará significativamente al Uruguay.

No han tardado algunas voces sindicales en anunciar su rechazo a esta ley, a la que -con error- se acusa de "privatizadora". Por lo pronto, el sindicato de ANCAP ya ha propuesto que se recojan firmas para lograr la derogación de esta ley a través de un referéndum.

El movimiento sindical, con esta actitud, vuelve a equivocarse. No sólo porque confunde "asociación con privados" con "privatización", sino porque -como ya nos tiene acostumbrados- se pierde el bosque por concentrarse no ya en el árbol, sino en la hojarasca que yace bajo su sombra.

¿No se dan cuenta los sindicatos que estos proyectos generarán en todo el país miles y miles de nuevos puestos de trabajo? ¿No entienden que ello generará desarrollo y atraerá, a su vez, nuevas inversiones que significarán para muchos uruguayos la posibilidad de un empleo quizá mejor remunerado o la oportunidad que buscan en su país?

¿No deberían los sindicatos pensar, de una vez, en grande? ¿No deberían plantear al sistema político en su conjunto la necesidad imperiosa de generar políticas que aseguren que habrá personal suficiente para encarar estas obras de infraestructura? ¿No deberían preguntarse de dónde saldrán esos miles de puestos de trabajo en un país con una tasa de desempleo tan baja?

Los sindicatos, ¿no deberían plantearle al sistema político todo la necesidad de generar políticas que permitan traer de nuevo al país a uruguayos que alguna vez salieron a buscar un futuro y que hoy pasan penurias lejos de su casa, cuando su país los está necesitando para seguir creciendo?

Y el sistema político y los empresarios, ¿no deberían encarar este tema? ¿No es tiempo de encender las luces de alerta?

¿Qué pasará si empiezan a llover los proyectos pero los inversores no encuentran en el país los recursos humanos para llevarlos a cabo? ¿Se irán los inversores? ¿O empezarán a traer recursos humanos del extranjero?

¿No deberíamos todos, sin excepciones, estar discutiendo estas cosas en serio, en vez de ponerle piedras en el camino a todo y a todos?

elpepepregunton@gmail.com

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