Ante la sorpresiva decisión tomada por la empresa Aratirí las declaraciones de la Senadora Topolansky hablando del "cacareo" de la oposición y lamentándose que el tema se haya politizado, representa un exabrupto inadmisible.
No se trata de ingresar a una polémica o de buscar culpables por la decisión de la empresa minera respecto de su proyecto de inversión en el país, que pasaría del primer lugar al cuarto en el orden de sus prioridades similares en el resto del planeta Tierra. Concretamente la Senadora debió contar hasta diez antes de decir lo que dijo para desacreditar la interpelación que promovió el Partido Nacional hace ya varios días, sin consecuencias políticas. Por lo cual mal puede haber influido en esta determinación de Aratirí.
La Senadora, de buena fe, debió reconocer el proceso errático en que se embarcó el gobierno. Recordar que el Presidente empezó por amagar la convocatoria a un discutible -por su procedencia constitucional- plebiscito de consulta popular para aprobar el proyecto, que luego atendió propuestas para nacionalizar el hierro y se avino a estudiar el asunto. Finalmente, la última -por ahora- intención del Presidente es la de formar una comisión multipartidaria para definir una política ante aspiraciones de explotación del hierro, que se sabe existe en el país.
Y también debería recordar la Senadora que, si por el FA fuera, UPM (ex Botnia) no estaría instalada en el país, proporcionando generosas fuentes de empleo, porque siendo oposición, no votó el Tratado con Finlandia.
Era el de su partido un cacareo mudo y gestual. Alcanzaba con no levantar la mano, sin necesidad de fundamentar nada.