La decisión de incrementar la familia tras el primer hijo suele ser difícil si se toma en cuenta el bolsillo. En Uruguay, una investigación titulada "Fertilidad e ingresos" elaborada por José María Cabrera de la Universidad de Montevideo a presentarse en las Jornadas de Economía del Banco Central, reflejó que el aumento de uno a dos hijos "parece causar un aumento de los ingresos del hogar, tanto totales como los exclusivamente provenientes del trabajo".
El análisis, que mide el efecto del tamaño de la familia sobre los ingresos de los hogares, concluye que los ingresos totales del hogar se incrementan en el orden del 25% una vez que llega el segundo hijo, y aquellos provenientes solo del trabajo se elevan en un 20%. Para los ingresos que no son laborales se toman en cuenta jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares, ingreso ciudadano y otras ayudas estatales. "Al considerar los valores per cápita los resultados parecen ser positivos, aunque no claramente distintos de cero en todos los casos", aclara el informe. No obstante se afirma que en términos per cápita el aumento de los ingresos es de un 11%.
Asimismo se plantea que el pasar de dos a tres hijos "parece tener un efecto neutro ya que, si bien el coeficiente estimado es negativo, no es estadísticamente distinto de cero".
El estudio plantea que la decisión de tener el tercer hijo tiende a estar impulsada porque "las mujeres que tuvieron dos del mismo sexo buscan un tercer hijo para lograr una familia `balanceada`". "Si los dos primeros hijos son del mismo sexo el 42,5% de las mujeres tiene un tercer hijo frente a un 39,3% que tiene un tercer hijo habiendo tenido un niño y una niña.
En relación a los ingresos, los casos en que las mujeres optan por tener un tercer hijo por "balancear" reflejan que "el aumento del tamaño de la familia no tiene un efecto negativo (estadísticamente significativo) sobre los ingresos". Se explica que esto puede deberse o bien a que "no existen realmente efectos negativos (o positivos), o porque la técnica empleada y el instrumento utilizado no permiten detectar este efecto con precisión".
El estudio tomó datos de 2006 para hacer las evaluaciones sobre mujeres jefas de hogar, con hijos propios menores a 25 años que viven con ellas. Se partió de la presencia de mellizos en el primer embarazo y el factor de composición de sexos para los dos hijos en la evaluación de tener un tercero.