Mensajeros en la mira

Al presidente José Mujica no le gusta la forma en que los medios de comunicación masiva manejan la denominada "crónica roja". Y tiene derecho a que no le guste. Incluso tiene derecho a que le moleste profundamente. Es razonable. A ningún gobernante le debería agradar que los medios informen a diario de violentas rapiñas en las que pierden la vida inocentes. Ni de los cada vez más frecuentes asaltos a bancos, financieras y redes de pago. Ni de robos a cara descubierta en shoppings. Ni mucho menos de los problemas que tienen las autoridades para enfrentar esta ola delictiva sin precedentes en un país que goza de un casi pleno empleo.

Al presidente Mujica no le gusta que los medios informen de estas cosas. Por eso el viernes 22 citó a los titulares de las empresas públicas para anunciarles que considera castigar a los medios que insistan en destinar espacios relevantes a la crónica policial con el retiro de la publicidad oficial durante un mes.

Queda claro que al presidente Mujica le preocupa más la "crónica roja" que los hechos que a diario la alimentan. De allí que el "coscorrón" que preanuncia, a modo de amenaza, no rija para su ministro del Interior y los altos funcionarios de su gobierno que fueron designados para dar seguridad a los ciudadanos y demuestran no estar a la altura de las circunstancias.

El presidente Mujica opta por enojarse con el mensajero. Si no se pueden evitar rapiñas, arrebatos, copamientos, asaltos y homicidios, la clave parece ser amordazar a los medios para que no informen de lo que sucede, con la amenaza de que si no acatan perderán la publicidad oficial (que dicho sea de paso pagamos todos con nuestras tarifas públicas e impuestos).

La fórmula -de neto cuño chavista-kirchnerista- podría llevarse luego a otros terrenos. Después de todo, ¿por qué no restringir la publicidad oficial a quienes informen de las pujas en la interna del gobierno? ¿Y a los que se ocupen del caos interno del Frente Amplio? ¿Y a los analistas que hablen de un recalentamiento de la economía y de una fuerte suba en los precios? ¿Y a los que se atreven a hablar de "atraso cambiario"? ¿Y a los que cometan la imprudencia de publicar sondeos en los que el apoyo al gobierno y al propio presidente desciende sistemáticamente?

Podría ser que, si la idea del presidente prospera, en algún tiempo los medios de comunicación sólo puedan referirse a los temas que el gobierno apruebe, con la entonación que el gobierno marque, en el momento que el gobierno considere oportuno y en los espacios que el gobierno financie con publicidad oficial.

Quizá de eso se trate. Tal vez ya no alcanza con la idea de la senadora Lucía Topolansky de que el gobierno disponga de sus propios medios para decir sus verdades. Es probable que haga falta asegurarse que no haya voces disonantes y que, si las hubiera, paguen cara la osadía.

¿Hacia ahí vamos? Avisen con tiempo, que me bajo en la que viene.

elpepepregunton@gmail.com

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