Tea Party lidera a republicanos en la negociación por la deuda

EE.UU. a pasos del `default`. Plan republicano cae ante una minoría radical dentro de su propio partido La oposición se divide y la posibilidad de un acuerdo antes del 2 de agosto se aleja

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WASHINGTON

EL PAÍS DE MADRID, AP Y AFP

Una de las principales organizaciones que integran el movimiento Tea Party, los Tea Party Patriots, ha hecho esta semana una encuesta entre sus afiliados para medir su estado de ánimo cuando vence el plazo para elevar el tope de la deuda.

El resultado fue que: un 98,8% se opone a la política de Barack Obama, un 97,6% desaprueba al Senado (de mayoría demócrata), un 71,7% critica a la Cámara de Representantes (dominada por los republicanos) y un 81,5% está insatisfecho con el liderazgo del Partido Republicano por considerarlo demasiado moderado. Es decir, casi la totalidad abomina del comportamiento de las principales instituciones del sistema político.

Sus opiniones contrastan con las de la mayoría de los ciudadanos. Según una encuesta del Instituto Pew, un 68% de la población está a favor de un acuerdo para elevar el techo de deuda del gobierno, aunque eso signifique hacer concesiones en las posiciones que cada partido defiende.

Lo llamativo de la situación actual es que los republicanos -el Tea Party es parte del partido-, al menos hasta este momento, presta más atención a la primera que a la segunda encuesta. Es la prueba de hasta qué punto los radicales están influyendo en los acontecimientos y disfrutando de más gloria de la que nunca soñaron.

El gobierno de Obama discute en el Congreso un plan que satisfaga a los republicanos y que permita elevar el tope de la deuda. La fecha límite para llegar a un acuerdo es el próximo 2 de agosto. Si no se llega a buen puerto el país entrará en `default` o tendrá que optar por hacer importantes recortes en planes sociales y pensiones.

El Tea Party hizo que se tirara para atrás una propuesta del jefe de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, que incluía, a cambio de levantar el tope de la deuda, un ahorro por parte del gobierno de 1 billón de dólares.

Al extremo. Los radicales entraron en la escena política en el verano de 2009 con la promesa de limpiar Washington, sanear sus instituciones, acabar con la clase política tradicional y devolver el protagonismo al pueblo, al viejo estilo de la revolución estadounidense, de donde toma su nombre.

Para ello, era imprescindible primero deslegitimar las instituciones que pretendía derribar. Y, como se daba la circunstancia de que los demócratas ocupaban entonces todas esas instituciones y había elecciones parlamentarias en el horizonte, el Partido Republicano abrazó esa causa con furor.

Los líderes republicanos probablemente pensaban que, una vez recuperado el poder, como ocurrió en la Cámara de Representantes en 2010, los ánimos del Tea Party se aplacarían y los políticos tradicionales serían capaces de reconducir la situación hacia una mayor normalidad.

Pero no fue así. Para evitarlo, el Tea Party les hizo jurar a los republicanos elegidos que jamás, bajo ninguna circunstancia, votarían a favor de un aumento de los impuestos o del aborto. Más de 200 republicanos en la Cámara y 40 en el Senado, aceptaron.

Presos de ese juramento y asustados por el peso que el Tea Party sigue teniendo en las bases conservadoras, los republicanos tradicionales han sido incapaces de resistirse a la presión de ese movimiento ultra. Hasta la máxima figura republicana en el Congreso, Boehner, se ha visto superado esta semana por el empuje del Tea Party. Su posición en la crisis de la deuda ha sido muy dura y conservadora, pero no tan dura y conservadora como exigen quienes creen que le dieron el cargo. Ninguno de los candidatos presidenciales o figuras relevantes de la derecha, salvando cada una su propio pellejo, ha salido en defensa del ahora solitario Boehner.

Termine como termine esta crisis, la amenaza desestabilizadora del Tea Party continuará hasta que los republicanos rompan sus lazos con ellos, lo que no parece fácil a seis meses de los caucus de Iowa y a poco más de un año de las presidenciales. El Tea Party quiere debilitar el poder del presidente y los republicanos quieren derrotar a Obama; el Tea Party quiere atar las manos del Congreso y los republicanos quieren que los demócratas no aprueben leyes; el Tea Party se mueve entre los ciudadanos que votan y los republicanos quieren ganar las elecciones.

La cifra

68% Son los estadounidenses que quieren un acuerdo para elevar el tope de la deuda.

Congreso se divide en tres

1.plan del "grupo de los seis"

Es un grupo bipartidista de congresistas: tres del Partido Demócrata y otros tres del Republicano. Proponen ahorrar 3,4 billones de dólares de acá a diez años. Instan a reformar los programas de seguridad social. Piden un recorte de gastos en Defensa. Y también llaman a cambios en el Código Impositivo; las modificaciones que quieren hacer permitiría a Estados Unidos recaudar US$ 1,2 billones más por año, sin necesidad de aumentar los impuestos. Los demócratas se niegan a los recortes sociales, mientras que los republicanos no quieren saber nada de reducir el gasto militar.

2.Plan propuesto por el Tea Party

El objetivo de los más radicales dentro del Partido Republicano es limitar el poder del gobierno de Barack Obama y realizar importantes recortes en planes sociales y pensiones. Proponen un recorte de US$ 6 billones en 10 años y piden un recorte inmediato en el presupuesto de, al menos, US$ 111.000 millones. También reclaman que el Congreso apruebe una enmienda que requiera presentar un presupuesto balanceado para poder aumentar el techo de la deuda pública. De todas formas quieren que el tope no suba más de US$ 2,4 billones (en la actualidad la cifra es de US$ 14,3 billones). También se niegan a aumentar cualquier tipo de impuesto. Solo 2/3 del Congreso adhieren al plan. Y Obama prometió vetarlo en caso de que se apruebe.

3.Plan de Raid y McConnell

Los líderes en el Senado de ambos partidos: Harry Raid (demócrata) y Mitch McConnell (republicano), también presentaron un proyecto que busca conciliar las posiciones de ambos extremos. Proponen elevar el techo de la deuda en 2,4 billones de dólares de acá a 2012 -cuando se celebrarán las presidenciales. Instan a realizar recortes en el presupuesto de 1,5 billones de dólares. Y proponen aprobar un proyecto de ley que obligue al presidente a presentar un proyecto para recortar el gasto cada vez que se necesite elevar el tope de la deuda, por si el problema se repite. El Congreso podría aprobarlo, pero las agencias de calificación advierten que los recortes no son suficientes. Standard and Poor´s, ya amenazó con quitarle a Estados Unidos su calificación AAA en menos de 90 días.

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