MATÍAS CASTRO
El capítulo de la novela de Ricardo Fort para este año se llama "Mi sexualidad". Los de años anteriores fueron "Yo soy así", "Quiero ser artista y no me dejan" y "Miren cuánto dinero tengo y cómo lo gasto en Miami". Como muchas figuras de la farándula porteña, Fort necesita un guión o un tema para sostener sus apariciones públicas. Ha comprendido que el público, a su vez, necesita que él tenga una historia para contarles y así atraerlos a sus apariciones en cámara. Desde este punto de vista se comete un error cuando se lo acusa a él y a otras figuras de su especie de ser famosos sin justificación. Su fama se apoya en que con sus argumentos entretienen a un público que no tiene interés en entretenerse con otras cosas.
Lo cierto es que el asunto de Fort para este año es su sexualidad y es algo que está notoriamente planificado. Era un as que tenía en la manga desde que apareció en primera plana con sus apariciones en Showmatch. El tema de si era gay era un debate bastante popular y él lo esquivó con elegancia, centrando la atención en sus hijos, en su familia, en su dinero y en su berretín por el canto. Sabía que para este año el público no lo iba a seguir si continuaba con lo mismo, así que sacó a relucir el tema cuando confesó en La cocina del show que de joven había tenido sexo con hombres. Pero cuidado: aclaró que no es gay porque fueron experiencias pasadas y ahora está en pareja con Claudia Ciardone.
Este sábado se armó un espectáculo musical que hizo en el programa Sábado Show. Se jugó a la provocación y como remate de su coreografía se besó con uno de los bailarines. Ciertamente estaba todo programado como nuevo golpe publicitario. Hasta ahora ha conseguido cierto impacto ya que se ha hablado y, como era de prever, muchos han dicho que su beso con el bailarín fue "polémico". Por cierto que la palabra "polémica" ha perdido su significado o está bastante devaluada. Y mientras dure, Fort podrá jugar con todo eso y algo más.