Averías

Javier García

Es el nombre del arroyo que desbordado en minutos casi se lleva la vida de diez uruguayos que acampaban, pero también describe la relación de un sector de la sociedad con las Fuerzas Armadas: tiene averías.

Fue también el lugar donde se pudo apreciar cuánto, cuando se aparta lo ideológico, estas mismas Fuerzas pueden aportar a la sociedad y a cada uno de sus integrantes. Nadie le preguntó qué votaban a los que fueron rescatados ni estos a los rescatistas, ni interesa. Estos muchachos de la Fuerza Aérea que salvaron a los acampantes ganan un flaco sueldo, y cuando andan con el uniforme en la calle alguno debe aguantar algún comentario peyorativo. Son profesionales de primer nivel, que saben que cuando se suben a su helicóptero el resultado puede ser que no vuelvan, como ha pasado. Rescatar desde el aire es de las cosas más peligrosas que hay, pero también les pasa a los marinos en alta mar o a los soldados aquí, o en Congo y Haití donde han salvado a familias enteras.

La designación de Fernández Huidobro en Defensa pudo sorprender, pero es algo natural para los que estamos en esto. Sus primeras declaraciones apuntaron a una gestión encaminada a restablecer el vínculo entre la sociedad y las FFAA. El problema no está allí, el personal militar proviene de los sectores más humildes del Uruguay, es gente que ve en este trabajo una posibilidad segura de empleo. Por algo la relación de ingresos a las FFAA es inversa a los índices de desempleo. Cuanto más desempleo, más se recluta y a la inversa. Dentro de la oficialidad hay una buena muestra de la clase media uruguaya. Los militares son parte integral de nuestro colectivo nacional. El problema no es con toda la sociedad, que recompone en silencio los vínculos rotos por los años de dictadura, el problema está con sectores políticos del FA que han hecho del enfrentamiento con los militares su programa político. F. Huidobro también participó de esta línea, aunque ahora viró, pero su desafío está en hacerles entender a sus compañeros que eso no le sirve a nadie. Dividir a los uruguayos por el color de la ropa de trabajo es una barbaridad: si se usa campera, saco o mameluco en principio se es inocente, si se usa uniforme se es culpable.

La unidad nacional que proclamó Mujica el día de su asunción quedó por el camino meses después, y las divisiones aparecieron por voluntad del gobierno que incumplió promesas salariales, abandonó el Hospital Militar y quiso llevarse por delante los pronunciamientos populares sobre la Caducidad. Ahora Fernández Huidobro debe jugársela, porque para recomponer esta relación superadora del pasado, debe convencer a sus correligionarios que un programa político que se basa en la división de los uruguayos no beneficia a nadie, si en verdad se quiere al país.

Estas FFAA de hoy no son las del golpe de Estado. Pasado portamos todos, Huidobro también, pero así como ya es tiempo de dejar de señalar los males que él le hizo al Uruguay, él debe comprometerse a que sus compañeros hagan lo mismo con una institución que sirve a la Nación desde Artigas y que supo tener miserias, así como otros las tuvieron en su propio pasado.

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