En pleno centro de Montevideo, un ómnibus atropelló a una mujer, quien falleció de inmediato. Fue en la intersección de las calles Mercedes y Florida, frente al Auditorio del Sodre.
Aun es prematuro especular sobre las circunstancias de este accidente, ya que la Policía trabaja en procura de indicios que pudieran ser útiles para determinar las causas del siniestro y eventuales responsabilidades.
Sin embargo, aunque del examen de este caso no resultara culpa del conductor, ello no impide traer a colación una circunstancia negativa del tránsito capitalino: que con frecuencia conductores de vehículos de transporte colectivo desatienden las luces de los semáforos y hacen maniobras peligrosas, incluyendo transitar a velocidades inadecuadas.
Cualquier transeúnte que esté dispuesto a advertir algunas de estas irregularidades, no tiene más que pararse en una esquina de nuestra principal avenida y desde allí verá cómo numerosos autobuses se lanzan a cruzar calles cuando el semáforo está, no ya en amarillo sino en rojo.
Lamentablemente, los funcionarios que deberían controlar todo esto, se hallan en omisión. Tanto policías de tránsito como inspectores municipales sencillamente suelen ignorar las malas maniobras que señalamos más arriba.
Generalmente actúan como si ellas no tuvieran lugar y, en cambio, sí se ocupan de violaciones de normas menores, que no entrañan peligros graves. Por ejemplo, en el caso de inspectores: observar la falta de pago del estacionamiento tarifado.
Sea cual sea el resultado de las pericias del caso fatal reseñado, su triste desenlace debería servir como un llamado de alerta.