CLAUDIO FANTINI
Proudhon escribió que la justicia es "el respeto espontáneo de la dignidad humana, cualquiera sea la persona, en cualquier circunstancia y sean cual fueren los riesgos que pueda implicarnos su defensa".
Al pronunciarse públicamente a favor de una mujer cuya dignidad fue avasallada por el gobierno venezolano, Noam Chomsky, el aclamado lingüista que suele definirse como anarco-libertario, actuó siguiendo fielmente la premisa del anarquista francés del siglo 19. El riesgo de esa defensa fue situarse en la misma vereda de los muchos liberales y partidarios de la democracia representativa, que denuncian el carácter anti-democrático del liderazgo de Hugo Chávez, al que Chomsky siempre legitimó sin escatimar elogios.
El célebre impulsor de la "gramática generativa" no tuvo alternativa. La jueza María Afiuni fue encarcelada en el 2009 por haber puesto en libertad a un banquero antichavista acusado de corrupción. El presidente puso el grito en el cielo y pidió 30 años de cárcel para la magistrada, acusándola de haber sido sobornada. En rigor, no había hecho más que aplicar el Artículo 244 del Código Procesal Penal venezolano, por el cual toda persona no puede permanecer en prisión por más de dos años sin una sentencia condenatoria.
Incluso aceptando que las bibliotecas jurídicas se dividan respecto a la decisión de la jueza, nada justifica el padecimiento que se le infligió en la cárcel. Sucede que la pusieron al alcance de reclusas que esta magistrada había sentenciado. Por eso fue golpeada y atormentada sin que nadie la defienda, padecimiento al que se sumó la irrupción de un cáncer para el cual se le negó el tratamiento adecuado.
La presión interna y externa logró finalmente reemplazar la cárcel por prisión domiciliaria. Pero fue tarde para evitar la crítica de Chomsky. No sorprende que en Venezuela la arbitrariedad de un Poder Ejecutivo hiperpersonalista someta al Poder Judicial. Lo sorprendente es que el autor de "Lingüística cartesiana" y "Lucha de clases" haya tomado distancia de Chávez, señalando por primera vez el riesgo que la concentración de poder personalista genera sobre el estado de derecho. Al exuberante líder caribeño no le sobran apoyos prestigiosos como para prescindir del respaldo de este notable intelectual de izquierda. De todos modos, el paso que dio Chomsky no alcanza a aquel que dio José Saramago, cuando ante las últimas persecuciones políticas en Cuba le dijo al régimen que siempre había apoyado: "hasta aquí llegué".