ALVARO BERMUDEZ
La falsa oposición entre país industrial o país agropecuario mantiene su relevancia en las discusiones de los uruguayos hoy día.
La región de Tohoku en Japón recibió la agresión más violenta de la naturaleza en el último milenio del planeta Tierra. Las cuatro refinerías de la región volaron por los aires dejando sin combustible a sus habitantes y fallecieron 10.000 debido al terremoto más poderoso que se conozca. El posterior tsunami con olas de 14 metros afectaron sus costas y la usina nuclear de Fukushima, por fortuna sin tener que lamentar ni una sola víctima por razones radiológicas.
Esta región japonesa tiene el mismo PBI que la República Argentina toda. Tengamos en cuenta que nuestros hermanos argentinos poseen las tierras agropecuarias más productivas del planeta, bañadas por una red de ríos y arroyos de agua dulce, tienen yacimientos de petróleo, gas, carbón, uranio y una plataforma marítima de 2 millones de km2. Mientras Tohoku sólo cuenta con 66.000 km2 y padece un clima muy severo con nevadas y hielo buena parte del año. Entonces ¿dónde está el secreto?
Tohoku también produce el 20% del arroz que consume la nación japonesa, el 77% de su territorio es forestal, de allí vienen las carnes vacunas más famosas de Japón, también frutas y verduras de alta calidad pero no reside allí su riqueza. Como tampoco la producción de productos agropecuarios hace que la región de Kanto equivalente en superficie a los departamentos de Artigas y Paysandú, donde está situada la ciudad de Tokio, tenga nada más ni nada menos que todo el PBI de la Federación Rusa (desde Europa al estrecho de Bering frente a las costas de los EE.UU.).
Les doy una pista, en Tohoku están situadas las plantas de Toyota y Honda, en Kanto hay 18 acerías de las más grandes del mundo y todas tienen que consumir mucha energía barata para ser competitivas en el mundo, contra países mucho más bendecidos que el archipiélago de Japón.
Japón tiene 54 reactores nucleares que producen la energía eléctrica más barata posible en forma ininterrumpida día y noche sin parar. Así como Francia tiene el 80% de su producción de energía eléctrica basada en centrales nucleares y es la nación que más exporta energía a los demás países europeos y desde ahora también a Alemania.
La universidad de Tokio está entre las primeras 10 del mundo y la región de Tohoku cuenta con decenas de universidades que figuran entre las 100 primeras. Nuestra querida Udelar no figura entre las primeras 1400 del mundo.
Señores, el secreto es tener industria competitiva, energía abundante y barata junto una población educada, capaz de crear los productos que el mundo apetece comprar. Si disponemos de territorio generoso o árido desierto aparentemente improductivo resulta indiferente, si tenemos una industria competitiva y mano de obra educada y eficaz. Tampoco importan las dimensiones del territorio si su gente produce e invierte sus ahorros en sí mismo creyendo en su propio futuro en vez de exportar capital para beneficio de otros países.
Dejemos de buscar el santo grial en la producción de materias primas y saltemos a la revolución moderna de la tercera ola, donde el PBI se multiplique de forma exponencial y solo dependamos de lo que nuestras propias cabezas puedan imaginar y producir.