Sebastián Da Silva
Todos estamos sorprendidos por la andanada de propuestas que larga el Presidente Mujica. No entendemos las razones de tales desaciertos; parece increíble tremenda desprolijidad y hasta los propios frentistas quedan desconcertados con sus vaivenes. La diferencia se torna abismal si lo comparáramos con su antecesor, quien solo se dirigía a la prensa en sus permanentes viajes al exterior.
En Uruguay salvo excepciones, casi no hablaba, lo hacia en sus rimbombantes actos, o dejaba que otros se desgastaran por él.
En el Frente Amplio, conocían estos códigos, y ni por asomo perdía el tiempo intentando convencer a la tropa de los quehaceres de gobierno.
Fue un presidente cauto en ese aspecto y su muro de contención fue su Consejo de Ministros, donde estaban las cabezas de las principales facciones listas para rodar. Si bien todos recordaremos las gestiones de la Cancillería y del Ministerio del Interior como dejando mucho que desear, en el resto de las carteras del Poder Ejecutivo se notaba cierta armonía, producto que cada Ministerio era un botín electoral en sí mismo para los partidos de la coalición. Nadie metía el hocico en casa ajena.
Mujica intentó modificar esta realidad. Utópicamente decidió que convivieran las dos principales líneas ideológicas dentro de la administración, con el consiguiente desgaste que significa llevar el antagonismo MPP-astorismo al cotidiano vivir. El resultado está a la vista, al estilo deambulante y asambleístico de la izquierda, se le suma la desconfianza recíproca entre los jerarcas que saben que representan líneas políticas diametralmente diferentes. Resultado: nada funciona, todo es lento, y discutido.
El dilema es que esta Izquierda nueva rica del boom del consumo, y el crecimiento económico, debe lidiar casi en forma esclavizante con la denominada "Unidad de Acción", que en palabras más, palabras menos, significa, mantener las mayorías parlamentarias y no dejar crecer al compañero que tengo al lado. En ese contexto, el MPP con sus ambiciones refundacionales, compite a diario con los pragmáticos astoristas que saben de ritmo y rumbo del Uruguay del siglo XXI. La receta encontrada para que ese equilibrio político se consolide es un día sí y otro también darles a cada uno de ellos un terrón de azúcar para que se queden contentos y entretenidos.
De esta forma van amortiguando un desenlace que previsiblemente se transformará en una olla a presión.
Mujica pasa la pelota a los órganos frentistas, ellos deliberan meses sobre el asunto, posteriormente van al Parlamento y después a la opinión presidencial. Este proceso agobiante logra no resolver ni los temas urticantes, ni los pequeños grandes asuntos que hacen a una administración, y a nadie se le pasa por la cabeza intentar lograr acuerdos con el resto del sistema para temas que no solo son urgentes, sino que sobrepasan largamente el tiempo de la actual administración.
Este es el Frente Amplio en el gobierno, un partido que no ha sido capaz de acuerdos amplios, para no violentar ni a las bases y ni a su competencia interna. Un Frente al que la prosperidad le queda grande.