MATÍAS CASTRO
Mel Gibson recibió ayer el golpe que le faltaba: tras sucesivos fracasos de taquilla y un creciente desprestigio ante el público, un juez determinó que por su divorcio deberá pagar una cifra récord que podría dejar sus cuentas en rojo.
La sentencia judicial aún no está escrita, pero el juez ya determinó que el actor y director tendrá que pagar 900 millones de dólares a Robyn Gibson, con quien se casó en 1980. Se conocieron un año antes, cuando alquilaban en un mismo edificio. Ella era dentista y él actuaba en teatro y terminaba de filmar Mad Max, la película que lo lanzó a la fama internacional. Tuvieron una hija y seis hijos y se separaron, finalmente, en 2006, después del episodio en el que fue arrestado por conducir alcoholizado y pronunció insultos antisemitas al policía que lo detuvo. Ese fue el primer episodio notorio en una carrera descendente cuyo resultado ha sido la degradación de su imagen pública.
No toda la fortuna de Gibson viene del cine. Llegó a ser una de las mayores estrellas de Hollywood en los ochenta y noventa, cuando sus cachés eran astronómicos, y además facturó muy bien con sus películas, especialmente La pasión de Cristo. También ha dedicado buena parte de su tiempo a las inversiones inmobiliarias. Ha comprado propiedades en Malibú, California, Costa Rica, Fiji (donde tiene una isla privada) y Australia. Su rancho en Costa Rica, por ejemplo, le costó veintiséis millones de dólares. Y por el que tuvo en Connecticut pagó nueve millones para venderlo luego en cuarenta.
La sentencia de divorcio lo convertirá en un caso prácticamente único en el mundo del espectáculo y del entretenimiento. De hecho el punto de comparación que han puesto algunos medios estadounidenses es el divorcio del golfista Tiger Woods, que le costó unos trescientos millones.
El proceso judicial de Gibson y su ex tomó dos años. En este tiempo otro problema con otra pareja desgastó notoriamente su imagen ante el público. La pianista Oksana Grigorieva, con quien tuvo una hija en 2009, lo demandó por violencia doméstica tras poco más de un año de salir con él. Una de las pruebas que aportó durante el proceso fue una grabación en la que él la amenazaba ferozmente, cosa que se divulgó por Internet.
Hace poco sorprendió en Guatemala al visitar una escuela y hacer una importante donación. Si bien la noticia se reprodujo en todo el mundo, pocas horas después se divulgó que el acto benéfico, que prometía cambiar algo de su imagen, se debía a un compromiso judicial por una demanda que había perdido.
"No hay salvación para quien esté fuera de la Iglesia", dijo durante una entrevista en 2006. Tal vez se salve de otras cosas, pero en esta vida no ha podido evitar las consecuencias de sus acciones. El año pasado, por ejemplo, iba a ser una aparición en ¿Qué pasó ayer? 2 y fue rechazado por el elenco debido a las fuertes acusaciones de violencia doméstica y a la mala fama que le ha dado su carácter (ha sido acusado de racista, homofóbico y antisemita en más de una ocasión). Sus últimas dos películas, Al filo de la oscuridad y Mi otro yo (que está por estrenarse en Uruguay) han sido rotundos fracasos en boletería. Tal vez su caso sea, a la larga, emblemático y un buen ejemplo de cómo una carrera de años puede cambiar radicalmente en poco tiempo.