BUENOS AIRES | GUSTAVO STOK
Con la confirmación de que competirá por la reelección, Cristina Kirchner dio inicio a una campaña en la que los argentinos optarán por la profundización del modelo vigente desde 2003 o por el cambio encarnado por la oposición.
En la carrera hacia las elecciones presidenciales del 23 de octubre, la mandataria arranca con ventaja. Los sondeos, tanto de las encuestadoras cercanas al gobierno como de las independientes, indican que Cristina Fernández de Kirchner lidera cómodamente la intención de voto. La única incertidumbre pasa por determinar si esa ventaja alcanzará -o no- para evitar el balotaje.
El sistema electoral argentino establece que un candidato ganará en primer turno si supera el 45% de los sufragios o si obtiene más del 40% con una diferencia mayor de 10% sobre el segundo. "Por ahora, no veo escenarios de segunda vuelta. El caudal de votos de la presidente ronda el 45% y, en caso de no superar ese umbral, la diferencia con Ricardo Alfonsín, quien marcha segundo, es superior a los 25 puntos", señaló el analista político Carlos Fara.
Esa perspectiva favorable para Cristina Kirchner está respaldada en sus altos índices de imagen positiva -en torno al 55%-, similares a los que tenía al inicio de su gestión. Luego de desplomarse durante el conflicto con el sector agropecuario en el primer semestre de 2008 y la derrota en las elecciones legislativas de 2009, la valoración positiva hacia la presidente comenzó a repuntar el año pasado. Pero el mayor impulso ocurrió tras la muerte de Néstor Kirchner en octubre pasado. Según la consultora Poliarquía, ese hecho empujó una suba de 20 puntos en la imagen positiva de Cristina Kirchner que se mantiene hasta hoy.
"La disposición de la opinión pública para olvidar todos los errores acumulados por Néstor Kirchner y exculpar a su mujer se superpuso con la sucesión de defecciones de figuras opositoras que se fueron bajando de la carrera presidencial", dijo el analista político Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas (CIPOL). La fortaleza que exhibe la imagen de Cristina Kirchner en la opinión pública llevó a dirigentes como Julio Cobos, Mauricio Macri, Pino Solanas, Felipe Solá y Ernesto Sanz a resignar sus aspiraciones presidenciales en los últimos meses para, en buena parte de esos casos, refugiarse en candidaturas locales.
La novedad es que ese estado de gracia de la presidenta con un sector importante de la población alcanza también a ciudades agrícolas y ganaderas del interior del país que habían asestado un masivo voto castigo al kirchnerismo en las elecciones parlamentarias de 2009. Aquel fuego cruzado por las retenciones móviles que intentó aplicar el gobierno a los principales cultivos en 2008 se fue apagando gracias al alto precio de las materias primas agrícolas y a favorables condiciones climáticas durante las dos últimas campañas. "El voto del campo está parcialmente recuperado por el gobierno. No retomó estrictamente el apoyo de los productores agropecuarios, pero sí de las poblaciones que viven del campo", afirmó Fara.
Amenazas. La foto muestra un escenario muy favorable al oficialismo. Pero los analistas advierten que eso no significa que la película ya esté terminada. ¿Qué factores pueden menguar el caudal de votos del kirchnerismo? En principio, la ola triunfalista que intenta imponer el gobierno y que da por descontado un triunfo de Cristina Kirchner podría ceder durante las próximas semanas cuando se sucedan las elecciones a jefe de gobierno y gobernador en Ciudad de Buenos Aires (10 de julio), Santa Fe (24 de julio) y Córdoba (7 de agosto), tres de los cuatro distritos más importantes del país. En ninguno de ellos el oficialismo goza de pronósticos favorables. En la capital Mauricio Macri cuenta con altas probabilidades de obtener la reelección como jefe de gobierno, mientras que en Santa Fe todo indica que ganará la alianza de centroizquierda entre el Partido Socialista y la Unión Cívica Radical.
En Córdoba, el panorama es aún peor para el gobierno: el kirchnerismo no cuenta con un candidato propio de peso e intenta cerrar un acuerdo de última hora con José Manuel de la Sota, un peronista que ya dio fuertes señales de distanciamiento de la Casa Rosada.
"Cristina Kirchner intentará mantenerse alejada de esos procesos electorales para que los votantes de Macri, por ejemplo, puedan elegirla a ella luego, en las elecciones presidenciales. Pero, si se cumplen los pronósticos desfavorables para el gobierno en esos comicios locales, por lo pronto se derrumbará la idea de Cristina ya ganó que intenta instalar el oficialismo", señaló Novaro.
A eso se suma la importancia que adquirieron las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias del 14 de agosto próximo. Si bien todas las fracciones políticas ya tienen definidos sus candidatos, esa elección servirá para determinar si el vigor electoral que hoy las encuestas le dan al oficialismo es real o no. Y, más importante que eso, los analistas creen que las primarias pueden ayudar a reducir la dispersión opositora ante la probable deserción de candidatos con escaso apoyo electoral.
La estimulación de una mayor polarización en las elecciones presidenciales de octubre es la gran apuesta de Ricardo Alfonsín. El candidato radical, que anudó una alianza en la provincia de Buenos Aires con el peronista opositor Francisco De Narváez, confía en que, tras las primarias, el voto opositor se concentre en su candidatura como la vía más útil para obstruir el camino de Cristina Kirchner a la reelección.
Pero, aún con una oposición probablemente menos frágil, las principales amenazas a la reelección y, sobre todo, al rumbo de un eventual segundo mandato de Cristina Kirchner provienen desde dentro del oficialismo. La resistencia de De la Sota a darle al kirchnerismo duro mayores espacios en las listas de legisladores en Córdoba es una defensa similar a las que vienen entablando otros caudillos provinciales peronistas y los poderosos intendentes del conurbano bonaerense.
"Son movimientos anticipatorios de un nuevo mandato de Cristina Kirchner. Tras el probable triunfo electoral, en el Peronismo se abrirá la disputa por la sucesión o por el cambio de las reglas del juego. Y si el kirchnerismo avanza en dirección a cambiar las reglas del juego -esto es, modificar la Constitución para permitir un nuevo mandato de la presidenta-, los principales damnificados serían los peronistas que aspiran a dar vuelta la página y en algún momento reemplazar al oficialismo", señaló Novaro.
En ese contexto también se inscribe la tirante relación del gobierno con Hugo Moyano, el poderoso titular de la Confederación General del Trabajo (CGT). La participación de dirigentes de la central sindical en las listas de legisladores del peronismo será mucho más modesta que los deseos expresados por el propio Moyano. La dureza esgrimida por Cristina Kirchner en la puja con el jefe sindical persigue réditos electorales: enfrentarse a Moyano, que carga con una altísima imagen negativa y con varias causas judiciales por supuestos hechos de corrupción, favorece la valoración de la presidenta en amplios sectores de la clase media.
La economía ayuda. Esos cruces al interior del kirchnerismo fueron sucedidos en las últimas semanas por el estallido de casos de corrupción que dañan la imagen del oficialismo. El más resonante es el protagonizado por Sergio Schoklender, acusado de haber defraudado al Estado mientras era apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo mediante el desvío de fondos públicos que estaban destinados a construir viviendas sociales. De todos modos, esos escándalos no parecen tener una incidencia determinante en la marcha de la campaña. "El tema de la corrupción es muy poco importante para la gente: solo entre 2% y 3% lo ubica como una de sus preocupaciones", dijo Fara.
En cambio, la inflación sí figura, detrás de la inseguridad, como una de los principales temas a resolver. Con un índice del 22% anual, el nivel de la inflación en Argentina solo es superado por Venezuela en la región. Además de que la suba de los precios -especialmente de los alimentos- no permite reducir los índices de pobreza que alcanzan a más del 25% de la población, el alto nivel de inflación en el marco de un dólar estable le está quitando competitividad a la economía argentina. Algunos rubros de la industria, como es el caso del textil, ya sufren por el alza de las importaciones.
Otro de los efectos de ese contexto económico es una creciente puja por las divisas. "El saldo comercial se reduce año tras año y las importaciones ya crecen más rápido que las exportaciones. Dado que la economía argentina tiende a dolarizar sus carteras, en los últimos meses se aceleró la fuga de capitales -esto es, dinero que va al exterior, a las cajas de seguridad o al colchón- y hoy las reservas del Banco Central no crecen lo que deberían crecer en un escenario de mayor normalidad y menor incertidumbre", señaló el economista Ricardo Delgado, titular de la consultora Analytica.
La coincidencia de los analistas es que este año concluirá con una fuga de capitales de 17.000 millones de dólares, un 49% más que en 2010.
¿Esas luces amarillas podrán enfriar la economía y complicar la marcha de Cristina Kirchner a la reelección? No, responde Delgado. "Hay una economía en expansión, con el PIB creciendo este año por arriba del 6% y con un aumento importante del consumo privado. No es poco para un país con una larga historia de sucesiones presidenciales difíciles en términos económicos", señaló.
Si bien con asignaturas pendientes como la muy desigual distribución del ingreso y los elevados índices de trabajo en negro, la economía seguirá jugando como aliada de Cristina Kirchner durante la campaña. Ese activo clave sumado a la favorable opinión que buena parte de la población tiene sobre la forma en que Cristina Kirchner sobrellevó la muerte de su esposo y continuó al frente del gobierno le otorgan a la presidente una ventaja difícil de descontar camino a las elecciones presidenciales. Pero los cuatro meses que restan hasta los comicios es un largo plazo para el turbulento escenario político argentino. La campaña electoral en marcha puede deparar todavía más de una sorpresa.
Las cifras
55% Es la imagen positiva que tiene Cristina según un promedio de varias consultoras; un porcentaje similar al de cuando asumió.
45% Es lo que debe lograr Cristina para ganar en primera vuelta; o más del 40% y superar por un 10% a su rival más cercano.
Una oposición debilitada
Ricardo Alfonsín
Unión Cívica Radical
Es el hijo de Raúl Alfonsín, primer presidente tras la dictadura militar argentina. Fue diputado provincial en Buenos Aires, presidió el partido radical, fue candidato a gobernador y en 2009 vicepresidente en Diputados. Los sondeos le dan 11,8%.
Eduardo Duhalde
Peronismo federal
Fue diputado, gobernador de Buenos aires, vicepresidente durante el primer mandato de Carlos Saúl Menem y presidente tras la caída del radical Fernando de la Rúa. Ahora solo cuenta con el 7,7% de intención de voto para la Presidencia.
Hermes Binner
F. Amplio y social (socialismo)
Secretario de Salud de Rosario e intendente con una reelección, Binner resultó luego elegido diputado. Alfonsín lo quizo de vice para su fórmula presidencial, pero él prefirió presentarse con su partido. Tiene el 6,8% de las intenciones de votos.
Alberto Rodríguez Saá
Peronismo federal
Ocupa su segundo mandato consecutivo en la provincia de San Luis. Entre otros cargos, fue senador y jefe del Gabinete de Ministros del Gobierno de la Provincia de San Luis, antes de ser gobernador. Las encuestas le dan 5,5% de los votos.
Elisa Carrió
Coalición cívica
Fue fundadora y es la presidenta del partido -antes perteneció al radicalismo-. Tiene una banca en la cámara de Diputados desde 1995 y esta va a ser la tercera vez que intentará convertirse en la presidenta argentina. Los sondeos le dan un 4,7%.
Jorge Altamira
Partido Obrero
Fue diputado y candidato a la Presidencia en reiteradas oportunidades por este partido que él mismo fundó. Se define como trotskista y participó en huelgas obreras desde joven. Al momento tiene apenas 0,9% de los potenciales votos.
Alcira Argumedo
Movimiento Proyecto Sur
Es socióloga y actualmente diputada nacional electa por la ciudad de Buenos Aires. Se manifestó contra el golpe de Estado en Honduras. La semana pasada el líder del partido, Pino Solanas -que renunció a su candidatura-, la presentó como candidata.