Las declaraciones de la primera dama, Lucía Topolansky, en las que arremete contra varios medios de comunicación son una señal de alerta sobre el rumbo que está tomando el gobierno actual.
Primero que nada porque revelan una falta de información alarmante. Desde el hecho de que el empresario Ernesto Correa (no Correia) hace tiempo que vendió el frigorífico Pul, hasta los errores en materia de quienes son los propietarios de los medios a los que vilipendia, llama la atención que la que es considerada la mujer más influyente del país pueda estar tan mal informada. Ni que hablar de las sospechosas omisiones sobre otros extranjeros que sí son propietarios de medios en Uruguay, y muy cercanos al gobierno de su esposo, que habría sido pieza clave para su desembarco en el país.
En segundo lugar por lo asombroso de que la senadora se queje de que las acciones del gobierno no tienen repercusión, cuando éste hace uso y abuso del formidable aparato público de medios. Y cuando las mediciones muestran que la presencia abrumadora del mandatario en los privados, triplica (siendo modestos) la de cualquier opositor.
Sobre las críticas a El País ni vale la pena profundizar. De juzgar eso se encargan nuestros lectores, que día a día siguen confiando en nuestro diario para tener una información veraz y confiable.
Lo que sí es preocupante es que la primera senadora de la República tenga estos reflejos totalitarios y que pretenda justificar los problemas que enfrenta el gobierno en la supuesta falta de difusión de sus actos. En plena era de la información, los ciudadanos tienen mil formas de saber lo que pasa en el país. y las cosas que hace y deja de hacer su gobierno. Tal vez ahí esté la razón de la justificada ansiedad de la senadora.