PABLO DA SILVEIRA
Un rasgo típico de toda burocracia es la disolución de la responsabilidad. Ante una demora que nos perjudica o ante un error que no conseguimos enderezar, siempre se nos dirá que la culpa la tiene la sección de al lado, el jefe de división o los miembros del directorio. Y si llegamos con nuestra queja lo suficientemente alto, nos dirían que la culpa la tienen los de abajo porque no quieren trabajar. Así es siempre. Uno puede reclamar y pedir explicaciones, pero jamás se encontrará con el responsable del problema. La responsabilidad siempre estará en otra parte. Gracias a este constante pase de manos, los burócratas siempre están protegidos y quien paga es el usuario.
En los últimos días hemos presenciado una versión a gran escala de este mismo juego. El sindicato de maestros de primaria denunció una serie de graves problemas edilicios que afectan a varias escuelas del país. El presidente del Consejo de Primaria, Óscar Gómez, reaccionó acusando al Codicen por su falta de apoyo. El presidente del Codicen, José Seoane, reconoció que hay demoras inaceptables y anunció el inicio de una investigación "para identificar y sancionar" a las "personas responsables".
Todos señalaron a otro. Pero todos ellos son en alguna medida responsables de lo que ocurre, empezando por el propio sindicato. Que los hechos denunciados sean ciertos no debe hacernos olvidar que en este país los sindicatos docentes son una fuerza retrógrada que viene bloqueando con éxito todos los intentos de reforma.
Si las malas reglas que tenemos no cambian es, entre otras cosas, porque los sindicatos las defienden.
Mientras los responsables se pasan la pelota, quienes pagan los costos son los alumnos de la enseñanza pública. Alumnos que no tienen otro lugar donde estudiar (porque sus padres no pueden pagar una escuela privada ni elegir otra escuela pública) y, por lo tanto, constituyen un público cautivo que debe soportarlo todo.
La disolución de la responsabilidad es un rasgo típico de la burocracia. Otro rasgo típico es la insensibilidad. A la hora de explicar su indignación, el presidente del Consejo de Primaria dijo: "hace seis años que me banco esto". Seis años es una enormidad. Por lo pronto, es el tiempo que debería demorar un chico en cursar los estudios primarios. ¿El maestro Óscar Gómez hubiera esperado tanto tiempo antes de protestar si se hubiera tratado de sus propios hijos?
Las burocracias tienden siempre a diluir la responsabilidad y a volverse insensibles ante las necesidades de sus usuarios. Esta es una tendencia ineludible. Pero las burocracias se vuelven especialmente irresponsables e insensibles cuando no se sienten amenazadas y cuando sus jerarcas saben que no tienen que rendir cuentas a nadie. Mientras no modifiquemos esto, nuestra enseñanza seguirá funcionando como un gran monopolio prepotente que se dedica a destratar a miles de uruguayos.
Para salir de esta situación hace falta lucidez y coraje. Pero, sobre todo, hacen falta ideas capaces de orientar un cambio de la realidad educativa.
A esta altura es evidente que el gobierno no las tiene.