Los italianos participaron masivamente el domingo y lunes en los referendos sobre energía nuclear, privatización del agua e inmunidad penal para Silvio Berlusconi, una cifra récord que da validez a la consulta y representa un duro castigo para el multimillonario político de derecha que promovía la abstención.
Según los datos oficiales y tras el conteo del 50% de los municipios, el 57% de los italianos se movilizaron para pronunciarse en los referendos.
Desde 1995 ninguna consulta popular había superado el 50% más un voto necesarios para tener validez.
"Se trata de un resultado extraordinario", comentó por su parte Pier Luigi Bersani, líder del mayor partido de la izquierda, Partido Democrático, quien pidió la renuncia de Berlusconi y la caída del gobierno.
"Estamos ante un divorcio entre el gobierno y los italianos", comentó.
El gobierno de derecha contaba con la indiferencia y el clima primaveral, de vacaciones, para que el referéndum fracasara y llegó a aprobar inclusive un decreto ley que suspendía el programa de construcción de centrales nucleares durante dos años para impedir la realización de la consulta.
El referéndum nuclear fue convocado para abrogar la ley que reintroducía la energía atómica, una de las propuestas emblemáticas del gobierno de derecha.
La oposición de izquierda animó a los italianos a acudir a las urnas para intentar dar una segunda estocada electoral al jefe del Gobierno, tras el duro revés sufrido hace 15 días en las elecciones municipales al perder la alcaldía de Milán, uno de sus feudos.
Antes del cierre de la votación, que se realiza tradicionalmente en dos días, el ministro del Interior, Roberto Maroni, adelantó que seguramente el quórum se iba a alcanzar, "según las estimaciones realizadas y sin contar el voto de los italianos en el exterior", que suman unos 3 millones de electores.
"Hemos dicho no a lo nuclear y hemos establecido un principio sagrado: que la ley es igual para todos", declaró visiblemente satisfecho el ex juez Antonio Di Pietro, uno de los organizadores de la consulta al conocer los primeros resultados.
Junto al tema nuclear y a la privatización del agua, se votó por la abrogación de la ley del Legítimo Impedimento que permitía al primer ministro invocar compromisos de gobierno para no acudir a los procesos penales.
"El resultado no debe tener repercusiones sobre el gobierno", clamó el ministro de la Defensa, Ignazio la Russa, quien teme que una participación tan alta desate una crisis de gobierno y su caída.
Dividido y temeroso de perder nuevamente, el Ejecutivo dio libertad de voto a sus simpatizantes, pero no pudo contener la paliza, sobre todo porque el mundo católico se pronunció decididamente contra la privatización del agua.
Monjas, curas, ancianos, además de cientos de jóvenes ecologistas, participaron desde la primera jornada de voto, pese a la escasa atención dada por los canales de televisión al tema.
"El agua es un don de Dios, pertenece a todos", proclamaron los obispos italianos, retirando de hecho el apoyo que hasta ahora han dado a Berlusconi, quien para muchos analistas se encuentra en el ocaso de su carrera política.
Unos 50 millones de italianos estaban llamados a abrogar tres leyes: la que da luz verde a la energía nuclear, a la norma de legítimo impedimento que permite al primer ministro recurrir a compromisos oficiales para no comparecer ante la justicia y sobre la privatización del agua, en este caso con dos preguntas.
AFP