THE NEW YORK TIMES | JONAH WEINER
"¿A usted le gustan las películas de terror?" Esa es la pregunta planteada constante y ominosamente por los personajes de la serie "Scream". La película inaugural de la saga (1996) marcó una línea divisoria en el género.
Se trataba de una película de terror con asesinos enmascarados que hundían sus cuchillos no solamente en carne trémula, sino también en estratos de citas cinéfilas. Cuando los locuaces adolescentes de la película no estaban demasiado ocupados acuchillando o siendo acuchillados, recordaban el diálogo de Psicosis, discutían trivias de Martes 13 y recitaban frases de supervivencia ("Mira detrás de ti", "Es mejor no ser una rubia pechugona", "Nunca digas que volverás enseguida") aprendidas viendo decenas de otras películas del género.
La película fue un fenómeno. "En las exhibiciones de prueba la gente pedía. `¿Pueden repetirla?`", dice Bob Weinstein, fundador y director de la empresa Dimension, productora de la película. Scream recaudó más de 160 millones de dólares en todo el mundo, y dio origen a dos exitosas secuelas en las que también campearon las cuchilladas y las autorreferencias. En Scream 2 (1997), los personajes discutieron los méritos de las secuelas, y tanto en él como en Scream 3 (2000) había un "film dentro del film": una adaptación de los "hechos reales" de la primera película titulada Stab, que generaba sus propias secuelas y "merchandising". Si la pérdida de sangre no llegaba a marear a los héroes de Scream, los argumentos que se mordían la cola podían hacerlo.
La franquicia ha vuelto a los cines con Scream 4. En los once años intermedios, el panorama del terror ha cambiado. Luego del desfile de recientes "remakes" (Sangriento día de San Valentín, La masacre de Texas, Freddy vs. Jason, y siguen), los títulos que no mueren pueden muy pronto superar en número al de los inmortales villanos. Desde que Scream rejuveneció el género "slasher" y desencadenó una oleada de terror autoconsciente (Aulas peligrosas, Insidious) también han surgido abiertas parodias (Scary movie y sus tres secuelas). Y con el ascenso del llamado subgénero de la "porno tortura", el "gore" extremadamente gráfico y las muertes complicadas se han vuelto de rigor (El juego del miedo, Hostal, Destino final), haciendo que la noción de un psicópata armado apenas con una voz nasal y un cuchillo resulte casi pintoresca. El logro de la original Scream no consistía únicamente en su multiplicidad de estratos narrativos, sino en que esos estratos funcionaban al servicio de los sobresaltos. En los años noventa se había vuelto un ritual entre los públicos del cine de horror catalogar y proclamar los clisés como forma de interactuar con una película, pero también de aliviar las tensiones y sacudirse las trampas narrativas más atemorizantes. Aquí había una película que explícitamente invocaba los clisés, entremezclándolo con el horror y enarbolando contra nosotros nuestro propio hastío.
"El género se había vuelto tan rutinario, las convenciones eran tan clamorosas", reconoció en una entrevista telefónica Kevin Williamson, creador y principal libretista de Scream, "que si uno se acercaba a una ventana era seguro que un gato iba a saltar a través de ella. Si uno abría un botiquín, cuando lo cerrara habría alguien acechando detrás de él. Yo quería bromear con todo eso, y al mismo tiempo quería una película de terror. Quería cocinar mi propio pastel y, además, quería comerlo".
Williamson dice que Weinstein había expresado su interés por revisitar Scream a lo largo de los últimos diez años, pero que él (Williamson), que había pensado Scream como una trilogía y después estuvo muy ocupado afirmándose como el creador de articuladas, con frecuencia sangrientas películas para adolescentes (escribió Yo sé lo que hicieron el verano pasado, creó Dawson`s Creek y, más recientemente, ayudó a desarrollar The vampire diaries) no estaba muy entusiasmado. Luego, hace unos pocos años, Williamson comenzó a imaginar otra Scream. casi como una broma. "Empecé a jugar con las ideas", dice, "y una cosa condujo a la otra".
Con la propuesta de Williamson en la mano, Weinsten se acercó a Wes Craven, quien dirigiera la trilogía original, para reclutarlo nuevamente. Craven, que se hizo de un nombre en los años setenta y ochenta con películas como La pandilla abominable y Pesadilla en lo profundo de la noche, había rechazado reiteradamente dirigir el primer Scream. "Por momentos sentía como que, ugh, hay una especie de mal karma en hacer una película violenta tras otras", dice Craven. Cuando aceptó, lo hizo con cautela, pero "se comprometió cuando leyó el libreto" (existe la posibilidad de que haya una quinta y una sexta película si Scream 4 funciona bien).
Las propuestas de relevancia contemporánea en Scream 4 adoptan diversas formas. Williamson incorporó detalles sobre "blogs" y redes sociales como parte de la anécdota y como terreno a cultivar. Y en la primera secuencia, el despliegue autorreflexivo llega a un imprevisto, casi desquiciado extremo.
Pero Weinstein también estaba seguro de que Scream puede jactarse de poseer un atractivo que sobrevive al cambio de las modas. Convenció a las tres principales estrellas de la serie, Neve Campbell, Courteney Cox y David Arquette para que volvieran, explicándoles que "lo que distingue a Scream de otras franquicias de terror es que el público se ha enamorado de estos personajes".
Campbell dice que, luego del tercer Scream, "juré que sería el último. Pero cuanto tuve que reconsiderarlo, entendí que podía haber un buen elemento de nostalgia".
Comparando Scream con El juego del miedo y Destino final, Weinstein dice que su película satisface un demostrado (y desatendido) apetito por las películas de terror: "En el mercado actual, la gente está harta del `gore`. Estoy seguro de que esas películas han llegado a su público, pero lo han hecho con una única cosa. Scream le da a la gente un menú más variado: sustos, emociones, personajes, humor".
Scream 4 agrega también una nueva generación de eruditos de las películas de horror, interpretados por jóvenes actores como Emma Roberts, Hay- den Panettiere y Rory Culkin. Roberts, que tenía cinco años en 1996, recuerda que "siempre supo acerca de Scream". Ella dice : "Wes se las arregla para traer las cosas a la realidad. Por ejemplo, cuando suena el teléfono en esta película, es el timbre del iPhone que todos tenemos. Él toma las cosas que existen en la vida real, y las vuelve terroríficas". Cualquiera que venga del primer Scream con miedo a las palomitas de maíz sabe de qué está hablando. La trilogía original, que Williamson escribió luego de Asesinos por naturaleza en la oleada de lo que llama "toda esa controversia sobre violencia y cine", dramatizaba el tema de la culpabilidad artística.
Scream 4 lidia con "profundas cuestiones morales y psicológicas sobre una generación que se conoce a través de Twit- ter y del e-mail, y no cara a cara", dice Craven. "Siento ese espeluznante sentimiento alrededor nuestro, con la cabeza de todos dada vuelta hacia una pantalla".
Naturalmente, no puede resistir la referencia cinéfila (en este caso, a Muertos vivientes): "es como la gente de las vainas".
Un antecedente de cine dentro del cine
La serie de "Scream" no ha sido el único ejercicio terro-
rífico de "cine dentro del cine" en la carrera del director Wes Craven. Dos años antes de la primera entrega de la franquicia, el cineasta había filmado La nueva pesadilla, un retorno al universo del "asesino de los sueños" Freddy Krueger al cual estuviera vinculado en sus comienzos (Pesadilla en lo profundo de la noche, 1984) y de la que sensatamente se distanció después. Cuando aceptó resucitar nuevamente a Krueger, Craven o sus libretistas encontraron un ángulo interesante: la filmación de una película sobre el personaje, dirigida por un realizador casualmente llamado Wes Craven, y con el elenco del film original. De a poco se sabría que los miedos generados por esa película eran un mecanismo para que Freddy recuperara su poder.