Los cargos de "embajadores itinerantes" no existían dentro del escalafón del Servicio Exterior, siendo incorporados por el gobierno del Frente Amplio en esa orgía de clientelismo y de voracidad burocrática que no han podido saciar en los seis años de administración transcurridos.
En su pecado están teniendo su penitencia y sin perjuicio de muchos otros ejemplos debe destacarse hoy la actitud del primer itinerante que se conoce, Julio Baraibar, que violando todos los antecedentes en la materia e incluso del elemental principio de no intervención -que es tan caro al Uruguay-, no vaciló en emitir públicamente unos comentarios sobre el Presidente de Honduras, que además de improcedentes, debió haberse reservado.
La imagen de la Cancillería uruguaya sigue en picada.