El exmilitar izquierdista Ollanta Humala tiene ante sí una poderosa rival. Y no es Keiko Fujimori. Es la desconfianza de los peruanos. Según un sondeo reciente de la consultora Datum, un 49% de la población cree que "tiene mayores posibilidades (que su contrincante) de cerrar el Congreso y convertirse en un dictador".
Sus pasados vínculos con Chávez, las denuncias sobre presuntas violaciones a los derechos humanos que habría cometido siendo capitán en los años 90, y las repetidas correcciones que ha hecho a los lineamientos económicos de su plan de gobierno, le han impedido vencer los recelos de la mitad del electorado peruano.
"Es difícil pensar que una persona que durante años y décadas ha tenido un pensamiento y una acción que es contraria a la democracia y los derechos humanos de pronto, repentinamente, vaya a cambiar", dijo el analista político y sociólogo Fernando Rospigliosi. "Es más probable creer que se trata de un maquillaje".
Para su segunda postulación a la presidencia en 2011, Humala se sometió a una transformación radical. Marcó distancia de Chávez y dijo que el modelo venezolano "no es aplicable en Perú". Acogió en su equipo a técnicos identificados con el modelo de libre mercado, se acercó a líderes de otras fuerzas políticas y dirigentes empresariales y juró en público y sobre una Biblia que gobernará solo un período.
Pero los esfuerzos de moderación parecen haber rendido frutos. Logró convencer nada menos que a una figura prominente como el escritor peruano Mario Vargas Llosa, un acérrimo crítico de los gobiernos dictatoriales, quien hace cinco años, cuando Humala se postuló por primera vez a la presidencia, dijo que un triunfo suyo sería una "desgracia". Llegaría al poder "un discípulo del comandante Chávez", dijo.
No solo el laureado novelista apoya a Humala. También lo hace el expresidente Alejandro Toledo, y un grupo nutrido de intelectuales y académicos, quienes ven con buenos ojos la "evolución" del candidato.
Humala, exteniente coronel del ejército, de 48 años, intentó dar un golpe de estado a Fujimori en octubre de 2000 cuando el gobierno de éste se tambaleaba por un escándalo de corrupción. Cinco años después respaldó la violenta toma de una comisaría por parte de su hermano Antauro Humala, quien reclamaba la renuncia del expresidente Toledo.
En 2006, se postuló por primera vez a la presidencia declarando su admiración por el régimen militar de Juan Velasco Alvarado, expresando sus simpatías por Chávez y demandando un cambio radical del modelo neoliberal.
Eso fue suficiente para horrorizar a los peruanos que prefirieron votar por Alan García, pese al recuerdo de su desastroso primer gobierno (1985-90), que había dejado sumido al país en la crisis.
Humala niega que su cambio sea una estrategia y afirma que ha evolucionado y ha entendido que en las actuales circunstancias es necesario concertar su visión con la de las otras fuerzas políticas. AP